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Cartas al Pueblo de Dios: 10 de septiembre de 2017
EL CRISTIANO NO SE DESENTIENDE NUNCA DE LOS DEMÁS

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Queridos hermanos y amigos:

En este domingo quiero, nuevamente, reflexionar con vosotros a la luz de las lecturas que escuchamos en la Misa; creo que nos pueden ayudar, como ya os decía el domingo pasado, a iniciar este nuevo año pastoral y a hacerlo con unas actitudes renovadas de servicio a la misión que a todos el Señor nos confía.

En el Evangelio de hoy (Mateo 18,15-20) Jesús instruye a sus discípulos y lo hace proponiéndoles tres actitudes de cara a la misión encomendada: la corrección fraterna, el poder de atar y desatar, la fuerza de la oración. Las tres tienen como denominador común, el no desentendernos nunca de los demás.

Vivimos en una sociedad individualista donde cada uno sólo busca su propio interés, lo que nos lleva a desinteresarnos de los problemas y dificultades de los otros. Por otra parte, en una sociedad en la que se valora muy poco la vida cristiana, nosotros los creyentes podemos vivir nuestra fe de una manera también individualista, es decir, sabemos que es importante nuestra fe, pero no sabemos o no podemos proponerla a los demás, sobre todo por el miedo al rechazo.

El cristiano no se desentiende jamás de la suerte de sus hermanos, es decir siente preocupación por los otros cuando están necesitados y también cuando ve que el camino que muchos siguen no conduce al proyecto de Dios y lo desconocen.

Así debemos entender la corrección fraterna que nos propone el Evangelio: “Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad”.

Corrección que nace fundamentalmente del amor que sentimos hacia los demás y del deseo de compartir con ellos lo que Dios pide de nuestras vidas para poder alcanzar la paz en este mundo. Así nos lo proponía la segunda lectura (Romanos 13,8-10): “A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley… Uno que ama a su prójimo no le hace daño”. Es decir, corregimos no porque nos sintamos “perfectos” que no lo somos, lo hacemos porque sabemos que lo que proponemos va a cambiar para bien la vida de los demás.

De esta forma entendemos también la segunda propuesta del Evangelio: “Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo”. Este atar y desatar significa que a través de nuestro testimonio y de nuestra palabra en el momento oportuno podemos abrir un horizonte de libertad para aquellos que están atados a tantas cosas, pero que en ellas no encuentran el verdadero y auténtico sentido de la vida.

Finalmente la tercera actitud que se nos pide es la oración: “Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. La oración cristiana en favor de los demás es un acto de caridad y amor y de una forma misteriosa alcanza aquello que pedimos; por ello también debemos pedir para que todos aquellos que desconocen a Jesucristo y su Evangelio puedan tener la dicha de conocerlo y amarlo.

En definitiva, las lecturas de hoy nos piden a todos una actitud que en el lenguaje cristiano llamamos “parresia”, es decir hablar con valentía y sinceridad de nuestra fe, proponiéndola a los demás. La parresia va unida a otras virtudes: la oración, la verdad, la humildad, el testimonio y el amor.

Al comenzar este curso pastoral estas actitudes que nos pide hoy el Evangelio nos pueden servir a todos para vivir y cumplir nuestra misión de salir al encuentro de nuestros hermanos y proponerles la Buena Noticia de Jesús.

Con todo afecto os saludo y bendigo.      


+ Eusebio Hernández Sola, OAR
Obispo de Tarazona
10 de septiembre de 2017

 
 
 
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