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"Diario de la Misión"
Capítulo 10. 19 de enero de 2006


Cochabamba, 19 enero 2006.- Los ves en cuanto bajas al centro de la ciudad. Uno de los pocos lugares en los que hay contenedores para recoger basura. Hay niños, jóvenes, adultos, ancianos y familias enteras, incluido el papá. Son personas que ‘viven’ de la basura. A alguno lo conocemos del barrio.

Hoy un periódico les dedica un artículo. Una noticia elaborada hablando con algunos de los que hurgan en la basura. Por ejemplo, Marco Caballero, de 60 años. Por zapatos lleva unas bolsas de plástico. Tres años viviendo de la basura. Por cada kilo de cartoncitos recibe 30 céntimos de boliviano (unos 3 céntimos de euro).

A las cinco de la mañana comienza, como otros muchos. Su jornada de trabajo, en los días con suerte, puede llegar a conseguir entre 10 y 15 bolivianos (poco más de un euro). Para poder comer y, ahorrando, ahorrando, de vez en cuando, algo de ropa. ¿Calzado? No sabe si podrá comprar algún día.

Confiesa resignado: “A veces no logro nada por la edad que tengo, porque los jóvenes salieron más temprano para recoger”. Un poco más de suerte tiene los fines de semana. También aquí, ¡cómo no!, hay gente que gasta al terminar la semana. Las diferencias sociales están en todo lugar.

También habla Jorge, un niño de nueve años. Él recoge basura para su material escolar y algo para su recreo. Recoge con su mamá y su hermano menor. Lo hacen por la noche: de 10 de la noche a 5 de la mañana. Solamente salen a la calle los fines de semana.

Como la solidaridad suele vivir en la casa de los pobres, cuando alguno enferma (algo que no sucede raramente), sus mismos ‘compañeros de trabajan’ les colaboran para las medicinas. Así lo cuenta Huanuni, un ex minero de Potosí. Acabado el trabajo en la mina, su ‘seguridad social’ es la calle y la basura.

Subimos al Ticti Norte, nuestra parroquia. Debíamos visita a Jesús, un joven paralítico desde hace seis meses. Cosas de la embolia. Antes, aunque ya la enfermedad le minaba el cerebro, lo veíamos en la Misa de los domingos y se preparaba para la Confirmación con los demás jóvenes. Vive en la más absoluta pobreza, pero ‘mimado’ (¡admirable!) por su hermano Jerónimo, 17 años. Abandonados hace años por sus papás, sobreviven con lo que aporta Jerónimo por su trabajo, malísimamente pagado, en una famosa marca de tejidos de Cochabamba. Jesús dejará de ‘sobrevivir’ cualquier día. Está en la piel y los huesos. Mientras tanto, con el grupo de Acción Social de la parroquia, le seguiremos colaborando.

¡Cuadros de la vida! Ni el más elocuente pintor superrealista sería capaz de reflejar el ‘cuartito’ de Jesús y de su hermano. Ahí, con ellos, está el Otro Jesús, seguro. Pero, los que nos decimos hermanos y creyentes en el Otro Jesús, no estamos con ellos y con otros como ellos que claman justicia y dignidad. La serenidad de Jesús y la entrega de su hermano sí que nos recuerdan al Otro Jesús.

Jesús y Lorenzo