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Cochabamba, 27 de mayo de 2006. Cansados, pero muy contentos. Así dejamos constancia en nuestro Diario del acontecimiento, bien importante, que hemos vivido hoy. Ya tenemos en la parroquia un Diácono Permanente. Después de varios años de preparación y de participación en la parroquia, Carlos Peralta (52 años) ha sido ordenado diácono para el servicio de la Archidiócesis dentro de nuestra parroquia. Él vive aquí. Debe seguir manteniendo a su familia con su sueldo como trabajador en la Universidad Católica Boliviana. D. Carlitos, como le llaman muchos, está casado. Para todos ha sido una experiencia eclesial nueva. Junto a Carlos se acercó al Obispo su esposa, Julia, y sus dos hijos, Aidé y Carlos. Los cuatro bien nerviosos y felices. Nuestro Arzobispo, Mons. Tito, actuó como es: sencillo, cordial, cercano a todos. No podemos dejar de reseñar que la víspera estuvo en el templo de Ntra. Sra. del Pilar –ahí se celebró la ordenación- varias horas departiendo con todos y ‘ensayando’ la celebración como el párroco que atiende a los monaguillos como si fueran los más importantes en ese momento, después de Carlos, claro. No es de extrañar que la celebración se haya desarrollado limpia, sencilla, sin estorbos de improvisaciones y de cuchicheos en el presbiterio, como es habitual en muchas celebraciones. Todo había sido preparado al detalle y con mimo. Hemos podido celebrar y orar. Tenemos, pues, un nuevo servidor en la parroquia. ¡Bienvenido sea! Un colaborador que va seguir como uno más entre nuestra gente, entre nuestros cristianos católicos, entre sus vecinos. Pero elegido por el Señor y llamado por la Iglesia a un servicio pastoral con pleno sentido. Su colaboración va a ser importante. Así lo esperamos. El equipo pastoral de la parroquia tiene un nuevo miembro. Juntos encontraremos el modo de encauzarlo. Hemos terminado compartiendo unos refrescos y una empanadas. Todo sencillo y humilde. La alegría se percibía en todos. Y sin prisas, algo habitual entre nosotros. Todo, además, en el ambiente del Día de la Madre, que celebramos en Bolivia cada 27 de mayo con un gran despliegue de fiestas por todas partes. ¡La madre! Ciertamente adorada por sus hijos, especialmente por los pequeños, aunque ese cariño envuelto en un gran respeto lo suelen mantener religiosamente la mayoría de los hijos. Pero bastantes de ellas son el resto del año no tan agasajadas y respetadas. El machismo aquí es todavía fuerte, muy fuerte; cuando no va acompañado de malos tratos. Pero, aunque sea necesario recordarlo y comprometernos contra esta situación, no podemos olvidar el gran acontecimiento que este sábado hemos vivido en la Parroquia. ¡Damos gracias a Dios! Jesús y Lorenzo |