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"Diario de la Misión"
Capítulo 20. 13 de enero de 2007


Cochabamba, 13 de enero de 2007.- Esta tarde hemos participado en la ordenación diaconal de un seminarista de la Diócesis, Miguel Ángel Céspedes. En la parroquia de San Pedro de Sacaba, a un unos 20 kilómetros de Cochabamba. La triste tragedia de esta semana ha hecho que, inmediatamente antes, se haya celebrado en el mismo templo parroquial la Misa funeral por el campesino cocalero Juan Ticacolque, padre de tres hijos y otro de camino, muerto en la violencia callejera del viernes pasado. Hoy por la mañana se ha celebrado también el funeral en la parroquia de Cala Cala por el otro asesinado con rabia, el joven Christian Urrestia, joven de 17 años. Por diferentes circunstancias hemos vistos los dos entierros. En los dos, miles de personas acompañaban en total silencio respetuoso los cuerpos de los muertos violentamente. Esta ha sido la trágica realidad de esta semana. Jueves negro, se le ha llamado. Ya hay demasiadas fechas negras en la reciente historia de este querido país.

No han sido suficientes (triste modo de decirlo) estas dos muertes y más de 200 heridos (tres muy graves) para que vuelva la calma y reflexión. Los palos, las estacas –literalmente- siguen en alto. Hay demasiada rabia detrás. Un pueblo totalmente empobrecido, un pueblo no bien dirigido ni bien acompañado, unos políticos ‘de siempre’ que no se descabalgan de sus opciones, no siempre limpias ni solidarias, y unos políticos ‘nuevos’ que no están a la altura del momento y de la realidad total del país, están enfrentando a hermanos. Como siempre, el pueblo sigue siendo la víctima de muchos modos y maneras.

Estamos sufriendo con este pueblo. Estamos orando, a la vez que haciendo lo que podemos: animar, atemperar opciones viscerales, anunciar el mensaje de perdón, de comprensión, de solidaridad de Jesús, el Señor. Estamos unidos a la acción reconciliadora de nuestro Obispo, Mons. Tito Solari.  Entendemos y nos solidarizamos con su lamento después de que ha hecho todo lo que él ha podido: “Me siento humillado, derrotado y pido perdón a Dios por no haber podido evitar el enfrentamiento”. Con el Obispo hay mucha gente que sufre por unos hechos que no entiende del todo y para los que no encuentra ninguna justificación. Hay gente apenada, que reflexiona y nos ha dicho: “Padre, Bolivia no es cristiana”. Juicio duro, sin duda, pero que dice, así de claro, que necesitamos purificar nuestras conciencias y nuestros corazones, dejar que Dios nos purifique y nos convierta.

A nuestros familiares y amigos, que nos llaman preocupados por lo que les han dicho la televisión y los periódicos, les hemos dicho que, gracias a Dios, estamos tranquilos, que no llegan hasta nosotros las consecuencias de la situación. Seguiremos trabajando con este pueblo que nos estima y nos quiere. Y nuestra oración, personal y en comunidad, no faltará. Para que Dios purifique nuestros corazones y dejemos que su luz de paz nos ilumine.

Jesús y Lorenzo