Índice Anterior Siguiente


"Diario de la Misión"
Capítulo 21. 15 de febrero de 2007


Cochabamba, 15 de febrero de 2007.- En la reunión mensual del presbiterio de la Diócesis, nos han pedido que el próximo domingo hagamos en las Eucaristías una colecta extraordinaria a favor de los damnificados de las inundaciones que sufre casi todo el país. Ciertamente este querido pueblo boliviano ‘no gana para sustos’. Ni para sustos ni, muchos, para vivir dignamente.

El año pasado también sufrió fuertes inundaciones. Aunque más concentradas en el oriente boliviano, Santa Cruz. Las de este año afectan, a unos más, a otros menos, a prácticamente los nueve departamentos del país. Los muertos suman ya 36.  Los que se conocen, porque aquí es bien difícil saberlo con seguridad. Lo mismo sucede con os desaparecidos. Este es el dato peor. Son más de 60.000 mil las familias que se han quedado prácticamente sin nada. Sus casitas (nombre suave para lo que en España llamaríamos ‘casuchas’) han desaparecido bajo las aguas y el lodo (‘mazamorra’). Los pequeños campos con los que sobreviven han sido arrasados. El total de hectáreas afectadas ascienden, a día de hoy, a un millón trescientas mil. A día de hoy, sí, porque pronostican lluvias para bastante tiempo.

Han aumentado enfermedades graves como el dengue, malaria, la fiebre amarilla, hantavirus y las infecciones de la piel. Sobre todo en el trópico cochabambino. Además de infecciones respiratorias agudas.

Las dos carreteras (justo que alcanzan ese nombre), la ‘vieja’ y la ‘nueva’, entre Santa Cruz y Cochabamba están intransitables. Se han derrumbado en los dos grandes tramos. De tal manera que han puesto ‘aviones solidarios’, a menor costo –siempre alto para la mayoría- entre las dos ciudades.

El gobierno nacional y los departamentales están haciendo lo que pueden. Las reservas y posibilidades del país no dan para mucho. Sí que están llegando ayudas de países, entre ellos España, y de la ONU. Las instituciones de la Iglesia, Cáritas entre ellas, están empleadas ‘a tope’. Siempre se necesita más.

Haremos, pues, la colecta extraordinaria el próximo domingo. No será mucho lo que recojamos, aunque siempre más de lo que es normal, porque nuestra parroquia es pobre, la mayoría de sus gentes. Porque los ricos, es un decir, no vienen o van a templos de gente ‘más elegante’. Pero seguro que serán solidarios desde sus limitaciones. Lo han demostrado en otras ocasiones.

Jesús y Lorenzo