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"Diario de la Misión"
Capítulo 22. 20 de abril de 2007


Cochabamba, 20 de abril de 2007.- ¡Dos meses sin escribir nada en este diario! Demasiado tiempo. ¿Qué será? ¿La ‘flojera', el trabajo, el descuido? De todo un poco, sin duda. Han pasado muchas cosas desde el 15 de febrero. Bolivia sigue sufriendo y esperando. Los bloqueos y protestas, con rumbo o sin rumbo, no cesan. El gobierno y la oposición, los diversos grupos campesinos y citadinos, siguen sin entenderse y, quizás, sin respetarse lo necesario. Un nuevo conflicto, esta vez en el sur, en Tarija, ha dejado un muerto en condiciones nada claras. Por desorganización en el tema de los hidrocarburos. Porque se ha hecho ‘norma' el echarse a la calle, cortar carreteras y caminos, por motivos no siempre razonables, y no cumplir la ley ni respetar a las instituciones. Accidentes de tráfico frecuentes, sin aclararse, sin exigir responsabilidades: el último, aquí al lado, en Melga, con 35 muertos. Demasiada resignación por parte de este bendito pueblo ante unos hechos concretos. El sufrimiento y la pobreza producen, sin duda, esta resignación ante lo que se considera una ‘fatalidad'. ¿Se han acostumbrado a la pobreza y al sufrimiento?

En la Diócesis y en la parroquia el trabajo y la ilusión no se quiebran. Estamos comprometidos todos en dos objetivos bien importantes. El primero es trabajar por la reconciliación en Cochabamba, a partir de los sucesos del 11 de enero. Estos hechos, con el trágico resultado de 3 muertos, han dejado heridas profundas en las relaciones entre campesinos y no campesinos. Y el segundo objetivo: Somos Iglesia Diocesana. No hay conciencia diocesana, o no toda la que debiera, entre los católicos: laicos, religiosos, religiosas, presbíteros diocesanos no trabajamos muy unidos.

Día lindo fue, sin duda, el 4 de marzo. Celebramos la Asamblea Parroquial. Nos acompañó nuestro Arzobispo, Mons. Tito Solari. Para fortalecer el objetivo de ‘somos Iglesia diocesana'. Compartió con nosotros su palabra, su reflexión sobre la Diócesis, escuchó nuestros compromisos y objetivos parroquiales unidos a los de la Diócesis, nos animó. Para todos fue una experiencia eclesial fuerte y estimuladora.

Antes de Semana Santa y Pascua, una triste noticia. Se ha cerrado el Noviciado, enclavado en nuestra parroquia, de las ‘Anas'. La escasez de vocaciones las ha obligado a llevar a las dos novicias al noviciado de Colombia. Hemos perdido la riqueza de esa presencia y la colaboración, realmente importante, de la comunidad en el trabajo pastoral de la zona alta de la parroquia, el Ticti Norte. Sentimos y notamos mucho su ausencia. ¡Ojalá no tarden mucho en volver! Mientras tanto contamos con la entrega de las Hnas. Monse y Margarita, que todavía tienen que multiplicarse más. Entrega e ilusión no les faltan.

Semana santa y Pascua, sencillas e intensas. Preparadas las celebraciones con entrega y cariño por parte de nuestros grupos más cercanos. Vivimos de nuevo la experiencia del bautismo, confirmación y primera comunión de un grupo de jóvenes y adultos.

Así, entre cruces y vida, entre dolores y esperanzas, seguimos caminando con los varones y mujeres de nuestra parroquia. Y sintiendo el apoyo y cercanía de muchos que, desde nuestra Diócesis de Tarazona y de otros lugares de España, nos muestran de mil maneras que están con nosotros. ¡Gracias!

Jesús y Lorenzo