Índice Anterior Siguiente


"Diario de la Misión"
Capítulo 25. 27 de septiembre de 2007


Cochabamba, 27 septiembre 2007. Hoy, un muerto más en enfrentamientos entre bolivianos. Un número más y una vida menos. Esta es la triste manera de reflejar el ambiente, el pensamiento de nuestro pueblo. Un pueblo que quizás está tan ‘acostumbrado' a la muerte, a la pobreza, a las condiciones infrahumanas de vivir que los muertos son, eso, uno más. Así es la triste realidad.

Un conflicto entre dos municipios del Valle Alto, Arani y Vacas, muy cerca de nuestra parroquia ha dado como resultado la muerte del joven. Una oportuna intervención de las autoridades correspondientes, ha escrito la prensa y hemos pensado muchos, podría haber evitado los hechos que se suscitaron y que dejaron como saldo, además de la persona muerta, numerosos heridos. Todo porque los de Arani quieren que la Normal , donde estudian jóvenes campesinos la carrera de magisterio, se traslade de Vacas a Arani. Un conflicto más que añadir a los habidos este año en Huanuni, Cochabamba, Santa Cruz, Tarija. Todos ellos podrían haberse evitado con un simple recurso: el diálogo, comienza a pensar gran parte del pueblo.

Otro fenómeno que nos sorprende es la tendencia, hecha sangrante realidad con demasiada frecuencia, a los linchamientos de ‘presuntos' ladrones o delincuentes callejeros. Linchamientos que .acaban en muertes trágicas: apaleados, ahorcados, quemados…

Estos hechos no nos llevan a calificar de ‘salvaje' a este entrañable pueblo. Hay que ‘vivir' la pobreza para acercarse con corazón comprensivo, que no justificador, a estos hechos. Con corazón comprensivo y con manos dispuestas a su erradicación. Porque, quizás desde España no lo lleguemos a comprender, la pobreza material arrastra consigo a todas las demás pobrezas humanas. Este es el problema, la causa de estas consecuencias, creemos.

En una sociedad pobre materialmente, la justicia no es eficaz ni operativa; la medicina, el pan, el trabajo, la educación escolar, la comunicación no llega a donde viven los más pobres entre los pobres. Y todo se deteriora. Cuando la justicia no actúa, no educa, no atiende… el pueblo tiende a tomarse la justicia por su mano. Y se echa a la calle, a los bloqueos –que dirigentes sin visión han alentado- y es el propio pueblo el más directamente perjudicado. Aunque alguien, con poca reflexión y mucho adoctrinamiento fácil, haya escrito en las paredes: “Hagamos bloqueos para que los ricos mueran de hambre”. Cuando, claro está, consiguen todo lo contrario. Los ricos nunca mueren de hambre, los pobres, sí y siempre.

Quizás debamos decir como lo más acertado que el pueblo es la víctima de todo esto. Intenta defenderse y no siempre lo hace responsablemente. Es tanto lo que sufre que no ‘tiene tiempo' de pensar y actuar responsablemente. Hay que meterse en su piel, en su hambre, en su falta de futuro… para comprender lo mucho que sufre y sus reacciones ¿de desesperación?

Lo más absurdo y carente de toda reflexión sensata y situada en esta realidad sería culpabilizarnos. ¿No andará la culpa más cerca de nosotros que de ellos? Nos ha venido a la memoria, y la hemos buscado, esta frase de Juan Pablo II en la Solicitudo Rei Sociales ( 15f ): “El subdesarrollo de nuestros días no es sólo económico, sino también cultural, político y simplemente humano…. Por consiguiente, es menester preguntarse si la triste realidad de hoy no sea, al menos en parte, el resultado de una concepción demasiado limitada, es decir, prevalentemente económica del desarrollo”.

Jesús y Lorenzo