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| Optimismo Cristiano El cristiano no es un iluso. Conoce por propia experiencia, como todo ser humano, las contrariedades de la vida, las limitaciones, los días grises. Está hecho de barro, es frágil y se rompe. Pero el cristiano vive de una certeza, y a medida que su vida crece, crece esa misma certeza. La certeza del cristiano se llama Jesucristo. Cristo ha resucitado, es decir, ha vencido la muerte, ha destruido el pecado y sus efectos, ha derrotado a Satanás con todos sus enredos. Y esta victoria de Cristo, es comunicada al cristiano por medio de la acción silenciosa y misteriosa del Espíritu Santo, que actúa en nuestros corazones. El horizonte de la vida no queda cerrado ya por la losa de la muerte, porque Cristo ha roto esa losa y nos ha abierto un futuro de eternidad. Jesucristo abre para el hombre, para todo hombre, el horizonte de la vida eterna, en la que ya hemos sido introducidos por el Bautismo. Por eso, el cristiano vive desde otro mundo, desde otra realidad invisible, aunque todavía en la etapa terrena, sometido como todos los mortales al desgaste de su naturaleza, hasta que se rompa en la muerte. De ahí, proviene para el cristiano un optimismo sereno. Es decir, sabe que en medio de todas las dificultades, e incluso a la hora de afrontar la misma muerte, le espera una victoria, que le han conquistado y que le será entregada como un don, como un regalo inmerecido. En medio de las dificultades, e incluso cuando se está muriendo, sabe que no está solo. Alguien le acompaña para ayudarle, solidarizado con su dolor, que le dará parte en su victoria. Nada tiene que ver este optimismo cristiano con la utopía marxista. Para el marxista esa utopía es algo que no existe, pero que ilusiona al caminante a seguir adelante. La esperanza marxista no tiene contenido real. Vale porque estimula a caminar, aunque no exista en ningún lugar eso a lo que se aspira. Es una pura ilusión. Tampoco tiene que ver el optimismo cristiano con las pequeñas esperanzas inmediatas del consumismo hedonista que se nos ofrece a precios baratos (o costosos) en nuestra época. Que llegue el fin de semana, para disfrutar en todos los sentidos, y después… esperar al siguiente fin de semana para hacer lo mismo. La resaca se acrecienta, y a pesar de consumir tanto y tanto, el corazón queda vacío y aburrido. El optimismo cristiano es de largo alcance, no termina. Al contrario, cuanto más tiempo pasa, más cerca está de la meta y de su plenitud. El optimismo cristiano llena el corazón humano y sacia todas las aspiraciones del hombre. El optimismo cristiano es algo gratuito, que al hombre se le da como un don, y no tiene que comprarlo en ningún mercado. El optimismo cristiano tiene un contenido real y una persona concreta que lo proporciona. Se llama Jesucristo. Que El os llene de este sereno y sano optimismo durante esta Pascua. Con mi afecto y bendición: |