|
|
|
Todo por amor Se ha dicho que el cristianismo es la religión del amor. Y es verdad. El cristianismo es la religión que nos enseña cuánto ama Dios al mundo, hasta el punto de enviarnos a su Hijo único, no para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él (cf. Jn 3,14). Jesucristo nos enseña a amar con su vida, con su ejemplo. Amar a Dios por encima de todo y amar al prójimo hasta estar dispuesto a dar la vida por él. Y cuando nos topamos con el problema de mal en el mundo, con el pecado y todas sus consecuencias de muerte, el cristianismo nos habla de amor redentor. Es decir, nos enseña que hay que vencer el mal a fuerza de bien. Hasta el punto de que merece la pena perder la vida, no atropellando a los demás, sino dejándose gastar para que otros tengan vida, y vida eterna. En esto consiste la verdadera devoción al Sagrado Corazón de Jesús, cuya fiesta celebramos este viernes pasado. Celebramos el amor de Dios que se ha hecho carne, que se ha hecho corazón humano, que se ha hecho sensible a nuestro amor y a nuestro desamor. A lo largo del año litúrgico celebramos el misterio de Cristo completo. Llegados a esta fiesta del Sagrado Corazón se nos da la clave del misterio. ¿Por qué Dios ha actuado así? ¿Por qué tanto sufrimiento en la pasión de Cristo? – Todo por amor, sólo por amor, no ha habido otro motivo. Aquí tocamos la fuente más pura del amor, que nos enseña a amar como El nos ha amado. Sin embargo, el Amor no es amado. A pesar de tanto amor derrochado por parte de Dios, el corazón de muchos humanos permanece a veces todavía endurecido, privándose de un amor que sana y que dignifica, y ofendiendo a un Dios, que sólo nos ha hecho bienes. La fiesta del Sagrado Corazón es también una ocasión de reparar tanto desamor por parte de los hombres hacia el Amor, que es Dios hecho carne en el Corazón de Cristo. Como si quisiéramos compensar tantos desamores humanos, incluidos los nuestros, con un amor más grande, más generoso, a quien tanto nos ama. Cultivemos la devoción al Sagrado Corazón, en su fiesta, en los primeros viernes, con la confesión y comunión reparadora, con la adoración del Santísimo Sacramento, donde siempre nos espera Jesucristo vivo y de corazón palpitante. Nuestro mundo está necesitado hoy más que nunca de este amor, el que brota del Corazón de Cristo. Junto al Sagrado Corazón de Jesús está siempre el Corazón Inmaculado de María, cuya fiesta hemos celebrado este sábado. Que ella nos enseñe a amar desde su Corazón Inmaculado, porque sólo el amor es digno de crédito, y el cristianismo es la religión que nos enseña el amor hasta el extremo. Con mi afecto y bendición: |