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| ORACIÓN, AYUNO, MISERICORDIA Nos encontramos en el corazón de la Cuaresma, una etapa de preparación para celebrar la Pascua anual, que este año es el 27 de marzo. La fiesta de la Pascua es la fiesta más importante de los cristianos a lo largo del año. En ella celebramos la muerte redentora de Cristo y su gloriosa resurrección de entre los muertos. Y en el camino hacia la Pascua, la Iglesia nos introduce en la Cuaresma (40 días), tiempo de desierto y de oración, tiempo de penitencia y despojamiento, tiempo de ajuste y de renovación, tiempo de aprender a amar más y mejor. Para este tiempo de Cuaresma, la Iglesia nos señala tres puntos fundamentales de vida cristiana: Oración . Hemos sido hechos para Dios, y sólo en Dios descansa el corazón humano. Algunas veces, equivocados, buscamos la felicidad por otros caminos. Volvamos a Dios y a sus mandamientos, y nuestro corazón recobrará la paz que le falta. Aprendamos a orar, a estar con El. Busquemos tiempos y lugares donde el alma se esponje de Dios. La oración es tratar con Dios, es pensar en Dios amándolo. Orar es darse cuenta de que Dios me ama, y de que los Tres, Padre, Hijo y Espíritu Santo, viven en mi alma, y gozarme de ello, alabándole y dándole gracias. La oración es confiar en Dios, presentarle mis necesidades y las de mis hermanos. La oración alimenta la fe, la esperanza y la caridad. La oración es la raíz de toda la vida cristiana. Ayuno . Nos sobran muchas cosas, nos hemos creado necesidades innecesarias. El corazón se nos ha apegado a los bienes de este mundo. Nunca hemos tenido tantos medios a nuestro alcance, y todavía todo nos parece poco. En el uso de los bienes de este mundo, se nos despierta la avaricia de tener más y más. Necesitamos ajustarnos el cinturón. Es preciso privarse de todo lo que nos estorba, es necesario ayunar. Ayunar de vicios y pecados que nos apartan de Dios. Ayunar de bienes de este mundo, que, aunque necesarios, podemos prescindir de ellos en favor de los demás. Ayunar de todo lo superfluo, que nos estorba. ¿De qué podría prescindir? Los atletas se imponen toda clase de privaciones para alcanzar el premio. En la lucha del espíritu, el cristiano debe estar entrenado para llevar la cruz con amor, y por eso, se priva de gustos y placeres, aunque sean buenos. Ayuna para tener el espíritu afilado, sensible a Dios y a los hermanos. Misericordia . Un corazón abierto a Dios se hace misericordioso, como Dios es misericordioso. El cristiano, en el tiempo de Cuaresma y durante toda su vida, abre su corazón a las necesidades de sus hermanos, y siente compasión de quienes sufren. Quiere compartir con ellos sus sufrimientos, para poder aliviarlos. Es lo que ha hecho Jesucristo con nosotros. El, siendo rico, se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza. Jesucristo es el Buen Samaritano, que se ha abajado de su cabalgadura para cargar sobre sus hombres al hombre apaleado y despojado en el camino de la vida. También nosotros hemos de entrenarnos en el amor verdadero, el amor que ama más allá de lo que el otro se merece, el amor que incluso perdona a quien te ha ofendido. Y con ese amor, compartir con nuestros hermanos. Necesitamos compartir, nos hace bien a nosotros mismos el compartir con quienes no tienen. Que la Cuaresma de este año nos renueve en estas actitudes tan profundamente cristianas, y podamos de esta manera gozar de una verdadera renovación en la Pascua.
Con mi afecto y bendición: |