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++ Cartas al Pueblo de Dios 13/03/2005 ++


DÍA DEL SEMINARIO

"Generosos y entregados... como María"

13 de marzo de 2005

La Iglesia no puede vivir sin sacerdotes. Si le faltaran sacerdotes, la Iglesia se extinguiría en poco tiempo. Estamos, por tanto, ante una necesidad vital de la Iglesia, una necesidad que todos hemos de sentir como propia y apoyarla con todas nuestras fuerzas.

La diócesis de Tarazona ha conocido épocas florecientes en la cosecha de vocaciones sacerdotales. Y no hace tanto tiempo tenía sus Seminarios (el Mayor y el Menor) llenos (200 + 300). Ahí tenemos el gran edificio del Seminario, de construcción relativamente reciente, que habla de esa floración de vocaciones, de cuyas rentas vivimos todavía en la atención ordinaria a las necesidades pastorales de la diócesis de Tarazona y en tantos misioneros que han ido por el mundo entero.

Ahora, sin embargo, no es así. Tenemos un seminarista en el Seminario Mayor y ocho alumnos en el Seminario Menor, con algunos más que siguen el Seminario Menor en régimen de externos. Debo decir que son excelentes chicos, y que constituyen una esperanza para el futuro de la diócesis, si Dios quiere que lleguen a ser sacerdotes.

No se trata de culparnos unos a otros: que si los curas, que si el obispo, que si los padres de familia, que si los colegios, que si las parroquias, que si la pastoral juvenil. Todos somos responsables de la superviviencia de nuestra diócesis como Iglesia diocesana. Y esa responsabilidad debe llevarnos en primer lugar a no acostumbrarnos a que las cosas sigan así. Al contrario, pueden ser y deben ser de otra manera. No es ninguna ilusión soñar con cincuenta seminaristas menores y veinte seminaristas mayores, al menos.

Dios continúa llamando a jóvenes de nuestra diócesis, y a más de los que pensamos. Estad seguros de ello. Esa llamada de Dios, ¿no seremos capaces de transmitirla, de hacerla llegar hasta el corazón de los que puedan ser llamados para que libremente respondan? La oración humilde y confiada nos abre al don de Dios para nosotros y para los demás. Oremos con esta intención, convirtamos nuestra vida al Señor, transmitamos el gozo de sentirse llamado. Pidamos a Dios que nos conceda algún sacerdote en nuestra familia.

Y oremos también para que los jóvenes que reciban la llamada de Dios, no vacilen, no tengan miedo en decir que sí, como María. “Generosos y entregados…como María” reza el lema de este año.

Llevo treinta años de cura, y me siento feliz de haber sido llamado por el Señor para esta preciosa tarea. He podido celebrar la Santa Misa miles y miles de veces, he podido perdonar en el nombre de Dios muchos pecados de todo tipo, aliviando muchas conciencias, he predicado la palabra de Dios abundantemente, he podido consolar a muchas personas junto al lecho del dolor, he sido testigo de la emoción de tantos jóvenes, chicos o chicas, que descubren a fondo a Jesucristo y se enamoran de El. Vale la pena ser cura, y más todavía en nuestro mundo que más lo necesita.

A cada uno de los chicos o mayores de la diócesis les digo: Si Dios te llama, dile que sí. No te asusten las exigencias de esta vocación, ni te asuste el mundo, muchas veces hostil a estas vocaciones. Seguirle a El es una aventura apasionante. No te defraudará. Serás feliz con El y podrás hacer mucho bien a los demás. Ven a formar parte de esta familia, que es el presbiterio diocesano. Te esperamos.

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona