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++ Cartas al Pueblo de Dios 17/07/2005 ++


Vacaciones
17 de julio de 2005

Cuando llega esta temporada del año, el verano, el calor, el final del curso escolar, es tiempo de vacaciones. No todo el mundo tiene vacaciones, pero existe un ambiente generalizado de que estamos de vacaciones.

Las vacaciones las ha inventado Dios. Dios, que es amigo del hombre, cuando terminó la obra de la creación, al séptimo día descansó (Gn 2,2-3). Con eso, quiere decirnos a todos los hombres que después del trabajo, debe venir el descanso, que recupera fuerzas para continuar otra etapa posterior de trabajo.

Hay quienes sólo piensan en trabajar, o movidos por el activismo que les impide parar, o movidos por la avaricia de tener más y más. Eso no lo quiere Dios ni es humano.

Muchas personas tienen un ritmo de trabajo agotador. Precisamente para estas personas, es más necesario el descanso, que restaura las fuerzas. Pero todos necesitamos descanso para ser nosotros mismos.

El descanso no consiste en la inactividad. Normalmente se descansa cambiando de actividad. Y uno deja para esos días de descanso otras actividades que durante los días normales no ha podido realizar, y las lleva a cabo sin tensiones ni prisas.

Vivamos con sentido humanizador los días de descanso en las vacaciones. Son días de encuentro con las personas queridas. Viajamos para estar con la familia y anudar lazos que nos reconfortan. Son días de desarrollar aquellas capacidades que a uno más le gustan: el deporte, la música, la lectura, las manualidades, algún curso de formación permanente, el contacto con la naturaleza ambiental, la montaña, el mar, los campos, el turismo que enriquece nuestros conocimientos.

Y es tiempo de intensificar la relación con Dios. Es tiempo, por tanto, para dedicarse más a la oración, al encuentro con Dios, donde se restauran nuestras más profundas capacidades, pues el hombre es un ser paraDios, y en Dios encuentra su descanso.

Os deseo a todos unas felices vacaciones. Que no volváis más cansados, porque no habéis sabido desconectar de la tensión habitual. Que os sintáis renovados para continuar la tarea encomendada. Que os sirvan para crecer en el trato con el Señor, con quien sabemos que nos ama.

Cuando Dios terminó su obra creadora, descansó y santificó el descanso. Que el tiempo de vacaciones sea un tiempo santificador, un tiempo que nos hace más humanos.

 

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona