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Ave crux, spes unica
Celebramos en estos días la fiesta de la Santa Cruz, la fiesta del Santísimo Cristo, titular de muchas parroquias. Se trata de un misterio central del cristianismo, que nos recuerda que la salvación del mundo viene por laCruz de Cristo. Fuera de El no hay salvación. Fuera de la Cruz de Cristo no hay redención. El día de viernes santo contemplamos a Cristo crucificado, que muere de amor por nosotros, y es sepultado. Esta fiesta de la Santa Cruz, en mayo y en septiembre, mira a la Cruz del Señor como signo de una victoria sobre la muerte, como signo de un amor que ha vencido la muerte. El cristiano no se centra en la cruz para detenerse en el dolor, en los sufrimientos terribles que acompañaron la crucifixión, en la muerte. Si el centro del cristianismo es Jesucristo, y éste crucificado, lo es porque en la Cruz aparece un amor más grande, un amor hasta el extremo, que ha cambiado el mal en bien, la violencia en amor. Jesús en la Cruz es maltratado violentamente y El reacciona amando, y de esta manera cura el egoísmo que anida en el corazón de quienes lo matan. El centro el cristianismo es el amor que Jesucristo ha manifestado precisamente desde la Cruz. El desastre de la humanidad está en el pecado, que conduce al hombre a la destrucción, y una destrucción eterna. Por el pecado, el hombre se aparta de Dios, le ofende quebrantando sus mandamientos, rompe su relación con los demás hombres por el egoísmo, introduce una división interior, de la que nadie puede curarle, y altera la armonía de la creación. El pecado destruye al hombre, destruye la convivencia humana, destruye la creación. Dios ha creado al hombre para llevarlo a la felicidad, y el hombre se ha empeñado en estropear este camino. Por eso, la Cruz de Jesucristo devuelve al hombre la amistad con Dios, sana su egoísmo interior, reconcilia a los hombres entre sí, restablece la armonía de la creación. En la Cruz, Jesucristo ha cargado con el pecado del mundo y hace al hombre capaz de amar, como ama Él. El sufrimiento de Cristo ha devuelto al hombre la posibilidad de ser feliz, y de serlo par siempre. Antes o después, todos hemos de pasar por la prueba del sufrimiento. La enfermedad, los problemas de la vida, las incomprensiones de los demás, el fracaso, el desamor de quienes antes nos amaban, la misma muerte, que es como una derrota final. Sólo la Cruz de Cristo es capaz de proyectar luz y dar sentido a todas estas situaciones. Sólo quien se abraza a la Cruz de Cristo entiende el amor que en la Cruz se contiene y recibe fuerzas para vivir su propia cruz con amor. Sólo la Cruz es esperanza para el hombre abocado a la muerte. Porque la Cruz es camino de resurrección. Con la certeza de que Cristo ha vencido la muerte y ha resucitado, miramos la Cruz del Señor como la única esperanza que salva al mundo, la única esperanza de que el mal pueda transforme en bien. Ave Crux, spes unica. Con mi afecto y bendición: |