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++ Cartas al Pueblo de Dios 20/02/2005 ++


EL DISCURSO DEL PAPA A LOS OBISPOS ESPAÑOLES (III)

20 de febrero de 2005

Los sacerdotes, hombres de Dios

El Papa nos ha dicho a los obispos que tratemos a los sacerdotes como hijos, como hermanos, como amigos. No son simples funcionarios, que realizan mejor o peor la tarea que se les ha encomendado. Son amigos del obispo, solidarios él y ellos en la realización de la misión que Cristo confía a su Iglesia. Los sacerdotes son los primeros y más importantes colaboradores del obispo. Entre el obispo y sus sacerdotes existe un lazo sacramental, el del sacramento del Orden, que les capacita para celebrar los sacramentos en favor de los hombres, especialmente el sacramento de la Eucaristía y el de la Penitencia para el perdón de los pecados.

Los sacerdotes están en la primera línea de la evangelización y soportan el trabajo más duro en esta tarea, el trabajo a pie de obra, el trabajo de cada día con dedicación paciente y constante al Evangelio y a los hombres a los que sirven. Ellos alientan la vida de la Iglesia y de las comunidades que se les han confiado, en comunión con el obispo y unidos estrechamente entre sí. A ellos les toca recibir la colaboración de muchos fieles, laicos y consagrados, y les toca también palpar el desprecio de Dios por parte de muchos más. Probablemente no hay mayor dolor para el corazón de un sacerdote que ver a tantos y tantos que se apartan de Dios, sabiendo el sacerdote que solamente en Dios está la felicidad y el futuro del hombre.

En otros tiempos, ser sacerdote era un privilegio social. Hoy ya no es así. Pero ser sacerdote continúa siendo algo precioso, que llena el corazón de una persona para toda su vida. Nuestra sociedad se construye sin Dios en muchos aspectos, y el sacerdote sólo puede sostenerse si es un hombre de Dios, si es un hombre de fe. El sacerdote es testigo de Jesucristo, con quien trata asiduamente, celebra sus misterios continuamente en la liturgia, es enviado para predicar la Palabra de Dios, para repartir los dones de Dios a los hombres.
El sacerdote nos acompaña en el camino de la vida, como Cristo hizo con los discípulos de Emaús, para alentar nuestra esperanza y encender nuestro corazón en el amor, precisamente cuando nos sentimos desalentados por el cansancio o por los contratiempos de la vida. Cuánto bien nos hace un buen sacerdote.

Sin sacerdotes no habría Iglesia, o ya no sería la Iglesia de Cristo, la que El ha fundado, llamando por su nombre a cada uno de los Apóstoles.

Por eso, es tan urgente y necesario que tengamos sacerdotes en nuestra diócesis de Tarazona. Todavía los tenemos, y muy buenos, por cierto. Pero hemos de garantizar la evangelización y la presencia de la Iglesia en las futuras generaciones. Hemos de tener sacerdotes para atender nuestras necesidades pastorales y poder ayudar a otras diócesis hermanas, que tienen aún mayor escasez que nosotros. Siendo generosos, Dios siempre nos bendecirá.

Junto a los sacerdotes, el Papa habla de las vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada. “No hay que tener miedo a proponer la vocación [sacerdotal o consagrada] a los jóvenes de hoy y acompañarlos asiduamente, a nivel humano y espiritual, para que vayan discerniendo su opción vocacional”. La petición sin cesar al Dueño de la mies para que mande obreros a su mies, deberá ir acompañada de una propuesta en clima de libertad a los jóvenes a los que Dios puede llamar por medio de nosotros.

El bien de la Iglesia depende fundamentalmente de sus sacerdotes. Oremos por nuestros sacerdotes, agradezcamos a Dios el poder tener cerca un sacerdote, apoyemos sus iniciativas y trabajos. Oremos por las nuevas vocaciones.

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona