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| MIRAR A CRISTO CRUCIFICADO "Tan sólo os pido que le miréis" (Sta. Teresa) Hoy comenzamos la Semana Santa. Con la entrada de Jesús en Jerusalén a lomos de una borriquilla comienza la celebración litúrgica de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, nuestro Señor. En los próximos días celebraremos el jueves santo, cuando Jesús instituyó la Eucaristía y nos dejó el mandamiento del amor como testamento, celebraremos el viernes santo, donde Cristo consumó la ofrenda de su vida dejándose clavar en la cruz, y celebraremos llenos de gozo su triunfo en la resurrección, recordando aquel primer domingo de la historia, el Domingo de Pascua. Para unos, estos días son las vacaciones de primavera. Para otros, son simplemente unos días de descanso, que siempre vienen bien. Para el cristiano, sin embargo, son los días más importantes de todo el año desde el punto de vista religioso. En estos días la atención del cristiano se centra en Jesucristo, el Hijo eterno de Dios, que se ha hecho hombre y, “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo” (Jn 13,1). Lo que sucedió una vez para siempre hace dos mil años en Jerusalén, se hace presente en todo el mundo a través de las celebraciones litúrgicas (la misa, los oficios litúrgicos, etc.) y se prolonga por las calles de nuestros pueblos y ciudades con las procesiones propias de estos días. Todo tiene el mismo motivo: Jesucristo y su amor hasta el extremo. Son días, por tanto, para dejarse empapar del amor de Cristo, “que me amó y se entregó a la muerte por mí” (Gal 2,20). Participad activamente en la celebración religiosa de estos días santos. La Semana Santa no es ninguna exaltación del dolor humano de Cristo, como si nos recreáramos en ver sufrir a un inocente. La Semana Santa , como toda la vida cristiana, consiste en contemplar a quien nos amó y nos ama sin medida, provocando en nuestros corazones un amor del mismo calibre. Su amor es como un bálsamo que cicatriza las heridas de nuestros pecados. El amor se expresa, se demuestra y se fortalece cuando llega la prueba, la dificultad y el sufrimiento. Jesucristo nos ha amado con un corazón humano y con un lenguaje humano, que todos entendemos fácilmente. En la Semana Santa celebramos ese amor de Cristo, expresado con el lenguaje humano del sufrimiento. Amó más que padeció. A través de sus sufrimientos y de su muerte en la cruz, hemos de captar ese amor más grande, que Dios nos tiene y que nos ha dicho en su Hijo crucificado. Cuando Santa Teresa de Jesús escribía a sus monjas, les decía (y nos dice a todos): “No os pido que penséis mucho…, tan sólo os pido que le miréis” (CP 42,3). En estos días de Semana Santa, miremos a Jesucristo crucificado. En esa cruz tenemos la mejor escuela del amor, donde todos podemos aprender a amar de verdad. Con mi afecto y bendición: |