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| LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS Jesucristo fundó la Iglesia , constituyéndola sobre los doce Apóstoles, que predicaron el Reino de Dios y extendieron por toda la tierra esa Comunidad de creyentes en Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Esta comunidad, que es la Iglesia extendida por toda la tierra, ha llevado a todos los hombres el Evangelio de Jesucristo. En su seno han ido santificándose millones y millones de personas, y han sido alentados con la esperanza de la vida eterna, que supera incluso la barrera de la muerte. En el seno de la Iglesia vivimos nosotros, recibiendo continuamente la vida de Dios, que nos llega siempre a través de su Iglesia santa. Pero el pecado de los hombres ha roto en distintas ocasiones la unidad querida por Cristo para su Iglesia. En el año 1054 se rompió la unidad entre oriente y occidente, y en el siglo XVI se produjo otra gran herida en el corazón de la Iglesia con los reformadores protestantes. Los cristianos aparecemos ante el mundo divididos en distintas Iglesias y Comunidades que no viven entre sí la plena comunión. La Iglesia continúa siendo una y única, pero sus miembros viven separados unos de otros. Esta falta de unidad entre los miembros impide que el rostro de la Iglesia aparezca ante el mundo con toda la belleza que le ha dado su Fundador, y merma fuerza a la tarea evangelizadora. Nos encontramos en plena Semana de oración por la Unidad de los Cristianos. Todo el que se siente hijo fiel de la Iglesia , siente el dolor de la división y se pregunta qué puede hacer para colaborar en la unidad querida por Cristo. En primer lugar, hemos de entrar en el misterio a través de la oración. Orar es abrirse a la acción de Dios y participar de sus deseos de salvación. En la oración entramos en el corazón de Cristo que ora al Padre: “Que todos sean uno, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21). En la oración entendemos que la unidad es un don de Dios, en el que nosotros hemos de colaborar. Y precisamente porque es un don querido por Dios, y no simplemente obra nuestra, podemos esperar alcanzarlo. Además, hemos de valorar todo lo que Dios nos ha concedido en su Iglesia santa: el bautismo, la Palabra de Dios, los sacramentos, los pastores que Cristo ha dado a su Iglesia (el Papa, el obispo, los sacerdotes). Y hemos de vivirlo con gratitud. Hemos de aprovechar los medios de salvación que Jesucristo pone continuamente a nuestro alcance. Podemos reconstruir la unidad, empezando por nuestro corazón dividido y continuando por nuestras familias, nuestras comunidades, nuestra sociedad: Que todos sean uno… La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos debe hacernos sensibles ante nuestros hermanos cristianos, que por razones de la inmigración viven a nuestro lado: rumanos, ucranianos y demás procedentes del este de Europa, muchos de ellos católicos, aunque tengan ritos y liturgias diferentes, y otros muchos más son ortodoxos, cristianos al fin y al cabo, aunque no están en plena comunión con el Papa de Roma. A todos ellos hemos de acogerlos como hermanos en la fe y, donde sea posible, orar juntos, por la unidad de los cristianos en todo el mundo. + Demetrio Fernández |