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DISCURSO DEL PAPA A LOS OBISPOS ESPAÑOLES (IV) Los fieles laicos, testigos valientes de su fe en medio del mundo Los fieles laicos constituyen en la Iglesia la inmensa mayoría de los cristianos. A través de ellos, la Iglesia se hace presente en el mundo, a manera de fermento. A los fieles laicos les compete ordenar los asuntos temporales según Dios, es decir, firmemente arraigados en Cristo, a los fieles laicos les corresponde vivir en el mundo. En la familia, en el trabajo de cada día, en las relaciones humanas, en el campo de la cultura, en la vida pública, incluida la vida política, en el mundo de los negocios, etc. Ellos son la Iglesia presente en el mundo y el mundo presente en la Iglesia. A través de ellos puede llegar el Evangelio a zonas, situaciones y lugares a donde nadie más podría llegar. Los fieles laicos son por tanto insustituibles en la misión de la Iglesia. Necesitamos en la Iglesia cristianos fieles laicos, “testigos valientes de su fe”, como dice el Papa. Para ello, es preciso que los fieles laicos vivan su bautismo, como una energía que les impulsa desde lo más hondo de su corazón hasta la plenitud, hasta la santidad. Es necesario que traten y conozcan a fondo a Jesucristo, que vivan una profunda experiencia religiosa en su relación con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, que cultiven una relación filial con María, la madre de Dios, la primera y la mejor discípula del Señor, que alimenten su vida espiritual con la Eucaristía, con el perdón de los pecados, con la Palabra de Dios, con una vida ferviente de oración y de caridad. Los laicos deben vivir y sentirse hijos fieles de la Iglesia. La Iglesia no es una institución compuesta solamente por curas y monjas. A ella pertenecemos todos los bautizados, y los fieles laicos son miembros de pleno derecho de la comunidad eclesial. Deben ser tenidos en cuenta por los pastores, deben ser atendidas sus legítimas aspiraciones, y, a su vez, ellos han de sentir como propia la Casa de Dios, la Iglesia santa, nuestra madre. La comunión eclesial, que incluye la escucha atenta a los pastores y al Magisterio de la Iglesia, es fundamental para un fiel cristiano laico, si no quiere caminar sin rumbo en su vida cristiana. Amar apasionadamente a la Iglesia es propio de todo fiel cristiano. La vocación específica del laico es “vivir en el mundo”, sin ser del mundo. El mundo no es sólo un lugar físico, sino que es el ámbito teológico en el que se madura la vida de un cristiano laico. Y esto hace especialmente difícil la vocación laical, porque el mundo, con sus luces y sus sombras, se vuelve muchas veces hostil a quien en medio de los trabajos de cada día, quiere permanecer fiel a su vocación cristiana. Esta
dificultad la experimentan especialmente los jóvenes, cuya situación
les hace muchas veces vivir a la intemperie e incluso experimentar verdadera
marginación por parte de sus contemporáneos, cuando quieren
vivir como cristianos. Por eso, es muy provechoso vivir y crecer en
la propia fe agrupándose con otros fieles laicos, bajo la guía
de algún sacerdote cercano y renovando continuamente el compromiso
de vivir la propia vida según el Evangelio. Con mi afecto y bendición: |