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Jesucristo, nuestra esperanza El mundo está revuelto. El mundo ha estado siempre revuelto, porque en élse agitan intereses contrapuestos de los hombres, intereses egoístas que llevan al hombre al enfrentamiento con los demás. Este desequilibrio crónico, que también padece el hombre de nuestro tiempo, está conectado con la realidad más profunda del pecado. El pecado es realmente una catástrofe en la historia de la humanidad. Por el pecado, el hombre rompe sus relaciones con Dios, se enemista con los demás,se divide interiormente, e incluso introduce un desajuste en la creación. Además, la suma de los pecados personales, crea un ambiente enrarecido, en el que se pierde la conciencia de pecado y se instala uno en esa situación habitualmente. La suma de los pecados de todos los hombres, la mentira, el odio, la lujuria, la soberbia, la avaricia, introducen en nuestra convivencia estructuras de pecado, por las que es muy fácil mentir, robar, engañar, hacer el mal impunemente, etc. A veces sentimos asco de la situación enrarecida que vivimos, donde el “listo”, el mentiroso, se aprovechan de la situación y oprimen a los demás. Ésta es una fuente incesante de injusticias. Necesitamos un Salvador. Necesitamos un Redentor. Se buscan solucionespor todas partes a esta situación. Pero la situación no tiene remedio por sí misma. Dejada a su propio dinamismo, la situación empeora más y más y nos conduce a la destrucción imparable. A una destrucción, que podría apartarnos de Dios eternamente. El hombre de todos los tiempos ha implorado una solución de lo alto. A eso nos invita la Iglesia en este tiempo de adviento, que hoy comenzamos. SóloDios puede arreglar este desastre, que el hombre ha organizado con sus pecados. Y Dios nos ofrece la solución. La solución se llama Jesucristo. Compadecido del extravío de los hombres, Dios Padre ha enviado a su Hijo, que se ha hecho hombre y ha compartido nuestra existencia humana, sin pecado, cargando con las consecuencias de los pecados de todos los hombres. Él, siendo inocente, se ha entregado a la muerte para librarnos del pecado y conducirnos a Dios. Él nos hace hijos de Dios. El es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. En Jesucristo hemos encontrado la salvación. Él nos devuelve la amistad con Dios, nos hace generosos con los demás, reconstruye nuestro interior y devuelve la armonía de la creación. El es el centro del cosmos y de la historia humana. Fuera de Él no hay salvación. Comenzamos un nuevo año litúrgico con el tiempo de adviento. Este tiempo santo quiere hacernos caer en la cuenta de que la esperanza del hombre de todoslos tiempos, aún sin saberlo, está dirigida a Jesucristo, el Salvador que Dios ha enviado para todos los hombres. Dios ha tenido compasión de todos nosotros, nos ha abierto de par en par las puertas de su corazón, ha comprendido nuestra situación y nos llama a la reconciliación con Él y con los hermanos. Jesucristo es nuestra esperanza. Acerquémonos a Él. Sólo en Él hay salvación para el hombre de hoy. Con mi afecto y bendición: |