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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Natividad de María
(8 de septiembre)

3 de Septiembre de 2006

Nos encontramos en plena novena de la Virgen, preparando su fiesta de septiembre el próximo día 8. A los nueves meses de celebrar la Inmaculada Concepción, celebramos su Natividad, que llena de alegría a toda la Iglesia. En muchos lugares esta fecha se convierte en la fiesta principal de la Virgen, como sucede en Calatayud, con la Virgen de la Peña o en Ateca con la Virgen de la Peana, y así en otros lugares.

Las fiestas de la Virgen tienen un encanto especial. Son ocasión para contemplar de nuevo a la Madre de Dios, a la Virgen santa. Son también ocasión de encuentro de amigos y familiares. Para los pequeños son momentos intensos, que nunca se olvidarán. Para los jóvenes son la ocasión de renovar proyectos de futuro. Para los adultos, estas fiestas traen recuerdos del pasado y evocan a personas que en otros años vivían con nosotros.

El nacimiento de la Virgen es motivo de gozo para el creyente, porque María será la Madre de Dios y nuestra madre. El regazo de una madre es el lugar más placentero para un niño pequeño. Ahí se siente querido, se siente seguro y protegido, se siente tranquilo y en paz. A María la invocamos como madre, pues por ella nos ha venido el Salvador y nos ha llegado nuestra salvación. Jesús nos la ha dado como madre, para que gocemos de este cariño maternal, de la seguridad que nos da su protección, para que gocemos de la paz que ella nos proporciona.

Y María es virgen. Ha recibido en su seno al Hijo de Dios, sin concurso de varón. Dios ha establecido un camino ordinario para traernos a todos a la existencia, con la colaboración de nuestro padre y nuestra madre. Camino precioso en el que el hombre y la mujer adquieren la capacidad de ser procreadores con Dios. Pero para traer a su Hijo único y eterno a este mundo, Dios ha empleado un camino extraordinario, el de una madre virgen, que concibe a su hijo sin colaboración de varón y lo da a luz sin romper su virginidad.

María es siempre virgen, incluso siendo madre. Y con su virginidad nos estimula a todos en el camino de la pureza de corazón.”Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios”. La virginidad de María es un reclamo para vivir la sexualidad humana según el plan de Dios. No como un elemento de disfrute sin freno, sino como una expresión de amor auténtico, que busca el bien del otro y no sólo su satisfacción. La virginidad de María es un polo de atracción para quienes son llamados a vivir como ella y como Jesús, en plena consagración a Dios en el alma y en el cuerpo.

María resulta muy atrayente por los dos aspectos, por su maternidad y por su virginidad. Celebrar una fiesta de la Virgen es ocasión propicia para entrar en ese misterio fascinante de una mujer elegida por Dios, llena de gracia y de santidad, abogada e intercesora nuestra ante Dios, modelo de vida cristiana para todos.

Que la “vuelta al cole” que marcan los primeros días de septiembre, es decir, que el retorno a las tareas ordinarias, esté enjugada por el gozo de la natividad de María, que es motivo de esperanza para el creyente.

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona