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Otro mundo es posible: depende de ti
No estamos de acuerdo con el mundo que estamos construyendo. Los países ricos son cada vez más ricos y los países pobres son cada vez más pobres. Y no es sólo cuestión de cifras, sino que detrás de cada número hay un rostro humano, un niño famélico, una mujer maltratada, un anciano solo, un exiliado fatigado, un inmigrante desarraigado, etc. Los países ricos se sitúan en el Norte del planeta, y los países pobres se sitúan en el Sur. El abismo Norte-Sur se hace cada vez más grande. Ante esta situación injusta brotan rebeldías, revoluciones, guerras. Todos deseamos que desaparezcan las guerras en el mundo, pero hemos de trabajar todos para erradicar las causas que las producen. Los bienes de la tierra están mal repartidos, como fruto del pecado de egoísmo que todos padecemos. Cuando uno quiere lo suyo y lo ajeno, cuando uno no es capaz de compartir lo poco o mucho que tiene con quien no tiene ni siquiera lo necesario para vivir, está contribuyendo a la injusticia en el mundo. La ONG católica Manos Unidas surgió de un grupo de mujeres de Acción Católica que quisieron dar una respuesta coherente a la injusticia en el mundo. Por aquellos años, muchos proponían eliminar a los niños en el seno materno o impedir por todos los medios (incluso con la esterilización obligatoria) que nacieran. Es la gran campaña antinatalista que continúa en nuestros días y pretende por todos los medios eliminar bocas y estómagos en los países pobres. Si no nacen, no habrá que darles de comer. Aquel grupo de mujeres de Acción Católica, sin embargo, pensó que si había más habitantes y había comida para todos, lo mejor sería ensanchar la mesa, para que cupieran todos y pudieran comer todos. Así nació la Campaña contra el Hambre, que ha dado excelentes resultados hasta el día de hoy. Multitud de proyectos y millones de personas se han beneficiado de la solidaridad cristiana, que inspira a Manos Unidas. Hay una manera de resolver el hambre en el mundo, eliminando bocas y estómagos. Así tocamos a más. Y hay otra manera de hacerlo, quitándome algún bocado de mi boca, y dándolo al que no tiene ninguno. Comida hay para todos, y sobra. Es cuestión de repartirla bien. Por eso, ante la injusticia que hay en el mundo, la Campaña contra el Hambre de este año nos dice: Otro mundo es posible: depende de ti. No sólo depende de los grandes dignatarios, que buscan el difícil equilibrio de satisfacer sus propios intereses. Depende también de ti, de lo que cada uno hacemos. Y cuando nos juntamos muchos, podemos hacer mucho. Eso es lo que hace Manos Unidas. Animo a todos los que trabajáis en este campo, a los responsables, a los colaboradores y a todos los que con vuestras iniciativas y vuestra contribución hacéis que caigamos en la cuenta de la gravedad del problema y de la posibilidad de que cada uno pueda resolver lo que está en su mano. Cuando compartimos lo que tenemos, hacemos dos bienes: ayudamos al otro y nos ayudamos a nosotros mismos. Con mi afecto y bendición: |