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| Yo también rezo el rosario, ¿y tú? Es lo primero que hago todos los días. Después del aseo, un rosario. Es el momento de estrenar el nuevo día, abriéndose al amor de Dios, que cuida de nosotros continuamente. Después, vienen otras oraciones. Y quizá durante la jornada, otros rosarios. Pero ese de la mañana me sabe a gloria. El rosario es como la oración del corazón, que sintoniza con el corazón de María en la contemplación de los misterios de Jesús: nacimiento e infancia (gozosos), vida pública (luminosos), pasión y muerte en cruz (dolorosos), gloriosa resurrección (gloriosos). El centro del rosario es Jesucristo. El rosario es una oración cristocéntrica. Y a Él nos acercamos desde el corazón de María, balcón privilegiado para contemplar el precioso paisaje de la vida de Cristo en todos sus misterios. María, que guarda en su corazón todas las enseñanzas de su Hijo, nos enseña a imitarle, a compartir los sentimientos de Cristo. El rosario es una escuela de vida cristiana. Y está al alcance de todos, de los sencillos y de los cultos, de los avanzados en la vida espiritual y de los que comienzan. Familias, rezad el rosario. Familia que reza unida, permanece unida. Iniciad a vuestros hijos en esta oración, tan sencilla como eficaz. Sacerdotes, invitad al rezo del rosario, y que os vean los fieles que lo rezáis. Es una buena preparación inmediata para la misa, es un medio para iniciar y progresar en la oración. Es un cauce para la oración continua. “Orad sin cesar” (1Ts 5,17). Catequistas, introducid en vuestra catequesis el rezo del rosario. Que en la pastoral de los jóvenes no falte el rosario, que alimenta la devoción a la Virgen. Conozco a muchos jóvenes que han aprendido a rezar, rezando el rosario. Ya sé que es más importante la Eucaristía, pero no siempre está a mano, o porque no podemos acudir, o porque no tenemos limpio el corazón. Sin embargo, siempre podemos rezar el rosario, que nos llevará al sacramento del perdón y a la comunión eucarística. Algunos dicen que el rosario es una oración monótona. La oración siempre es aburrida, cuando se reduce a un monólogo. Pero eso no es oración. En la oración, es esencial la apertura a Dios. La oración es primeramente escucha, y por eso puede ser respuesta. En el rosario escuchamos a Dios, que en los misterios de la vida de Cristo nos habla hoy. Y nosotros respondemos con María y como María, la mejor discípula de la escuela de Jesús. En el rosario hay escucha de la Palabra de Dios, hay contemplación, hay alabanza y petición, hay comunión con toda la Iglesia orante, con el Papa, con el Obispo, con todos los que sufren. Pero todo esto es imposible, si no hay amor. Para rezar el rosario, hay que amar, y el mismo rosario se convierte en alimento y estímulo de ese amor a Dios y a los hombres. El mes de octubre es una ocasión propicia para rezar el rosario. Niños, jóvenes, adultos, familias, enfermos, sacerdotes, consagrados. Recemos e invitemos a rezar el rosario. Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |