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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Inmaculada
10 de Diciembre de 2006

Inmaculada es lo mismo que “llena de gracia”. Con estas palabras saludó el ángel a María, cuando vino para anunciarle que iba a ser Madre de Dios. Es un título dado por Dios a la mujer elegida para ser la Madre del Hijo eterno: “llena de gracia”.

En el clima propicio del adviento, que nos prepara para la venida del Señor, la fiesta de la Inmaculada nos presenta a María, como la aurora que anuncia el día de la salvación para todos los hombres. La fiesta de la Inmaculada es una fiesta que nos llena de esperanza a los que somos pecadores.

Dios nos llama a la felicidad, a vivir en gracia. El hombre sólo encontrará su felicidad cuando viva en comunión con Dios. María es el modelo donde podemos mirarnos.

Cuando estamos a la espera del Señor, que viene a salvarnos, María se nos presenta como la primera redimida, como el fruto maduro de la redención de Cristo. Ella no conoció el pecado, ella fue librada de toda mancha de pecado, sin mancha, inmaculada. Porque fue siempre llena de gracia, llena del amor de Dios, amor correspondido desde su libertad humana.

María fue librada del pecado original en el primer instante de su existencia, en el seno materno. Es la Inmaculada Concepción . Y fue librada de este pecado y de todo posible pecado posterior, porque en ella todo fue luz, sin ninguna sombra, todo fue amor, sin ningún egoísmo. Es la “llena de gracia” para ser la Madre de Dios.

A veces el ambiente se hace irrespirable. No sólo el ambiente meteorológico, sino también el ambiente de las relaciones humanas, en el que debiera reinar el amor. Lo hemos contaminado entre todos, y todos lo sufrimos. En este ambiente, María aparece como una luz que disipa toda sombra, como una bocanada de aire fresco que renueva la atmósfera. María es toda gracia, para un ambiente en el que parece que el pecado es la nota dominante.

En María contemplamos el triunfo de la gracia de Dios. El pecado del hombre no es la última palabra. La última palabra la tiene Dios , y es una palabra de perdón y de misericordia para todos. Por eso, María es “vida, dulzura y esperanza nuestra” para el hombre, y especialmente para el hombre de hoy, que se siente como perdido y como huérfano.

Preparemos la venida del Señor, pidiéndole a María que nos conceda un corazón puro como el suyo para acoger los dones de la salvación. Celebremos la fiesta de la Inmaculada como un día “lleno de gracia” también para nosotros. Lo que María es desde el inicio, Dios quiere concedérnoslo a nosotros como término. Ella es “llena de gracia” para que también nosotros nos llenemos de la gracia de Dios.

El tiempo de adviento es un tiempo de esperanza para todos. Una señal clara de esa esperanza es María, la Inmaculada. Ella es una figura clave del adviento, porque de su seno bendito nos viene continuamente el fruto bendito de su vientre, Jesús.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona