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| Dios es familia Dios es familia. Dios es comunidad. Dios no es un ser solitario y aburrido. Dios es tres personas, que desde siempre viven en perfecta armonía y plena comunicación. Lo tienen todo en común, y cada persona se constituye en persona por su relación con las demás. Dios no ha querido vivir esa felicidad para sí solamente, sino que libremente ha querido comunicarla a las criaturas, y ha creado un mundo precioso, en el que la distancia del universo, de unos astros a otros, son millones de años luz. La sinfonía del universo creado es una maravilla. Y todo eso no existe por pura casualidad, sino como una proyección de las perfecciones de Dios, que es exuberante de vida. Y en este minúsculo rincón del universo, Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, como virrey de la creación, dotado de alma y cuerpo. “Varón y mujer los creó”. En esa creación del hombre, varón y mujer complementariamente, hay una imagen de Dios familia. La familia tiene en Dios su origen y es una de las realidades más bellas de nuestra propia existencia. La familia es un reflejo del hogar de Dios, es un reflejo de Dios. El pecado del hombre ha estropeado la creación, la ha cubierto con un manto de suciedad, que a veces no permite reconocer la huella de Dios. Jesucristo, el Hijo eterno de Dios hecho hombre en las entrañas virginales de María, ha venido al mundo para restaurar la creación, y la ha dejado más bonita que antes. La redención de Cristo es una creación restaurada, por la que hemos sido hechos hijos de Dios y herederos del cielo. Cristo resucitado ha enviado al Espíritu Santo, que renueva los corazones, que renueva todas las cosas. Jesucristo nos ha hablado de la intimidad de Dios y el Espíritu Santo nos lo hace entender y saborear. Dios quiere poner su morada en nuestro corazón por la gracia, para que convivamos con las tres personas divinas, y las tratemos con toda familiaridad. Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo. En este día de la Santísima Trinidad, volvemos nuestra mirada a las personas agraciadas con la vocación contemplativa. Todas las monjas y los monjes de clausura. Ellos nos recuerdan que Dios constituye la sed y el hambre más profunda del corazón humano, que sólo Dios mismo puede saciar. Los monasterios de clausura son en la Iglesia y en el mundo verdaderas escuelas de fe, a donde muchos acuden para renovar sus energías espirituales, serenar su ánimo, encontrarse con Dios y consigo mismos. Los monasterios, mantenidos desde hace siglos por los monjes y las monjas de clausura, son un gran bien para la Iglesia y un inmenso beneficio para la sociedad. Gracias, queridas monjas de clausura de nuestra diócesis de Tarazona. Carmelitas de Tarazona, Clarisas y Concepcionistas de Borja, Capuchinas y Dominicas de Calatayud, Carmelitas de Maluenda, Concepcionistas de Miedes. Sois un tesoro para nuestra diócesis y para la Iglesia universal. “En el corazón de mi madre la Iglesia, yo seré el amor”, decía Santa Teresita. En la familia de la Iglesia sois una aportación fundamental. Gracias. Con mi afecto y bendición: |