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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Los enfermos, personas muy útiles
12 de Febrero de 2006

 

No hay peor cosa que sentirse inútil. Y es la tentación más frecuente del que está enfermo. Inútil y da quehacer. Por eso, mientras la salud responde, todo va bien. Ahora, cuando falta la salud parece que todo va mal. Y lo último, perder la cabeza. Entonces, mejor es morirse. Así piensa con sus cortas luces el hombre contemporáneo.

La Jornada mundial del enfermo, que va unida a la Virgen de Lourdes (11 de febrero) y se prolonga hasta el tiempo de Pascua, viene a darnos luz intensa ante este problema que se nos plantea continuamente en nuestras casas: el problema de la enfermedad, que antes o después a todos nos llega.

La enfermedad es una etapa de la vida en que necesitamos de los demás. Es un momento en el que nos sentimos desvalidos. La enfermedad es una situación que nos humilla. Y a veces, esa enfermedad consiste sencillamente en los años acumulados. Sin embargo, en esa situación puede brillar más claramente la gloria de Dios.

El cristiano conoce el amor que Dios nos tiene y ha creído en Él. Ese amor se ha manifestado hasta el extremo en la cruz de Jesucristo. Cristo, colgado en la cruz y muerto de amor por nosotros ilumina el misterio del hombre, precisamente en su enfermedad, en su impotencia, en su desvalimiento. Cristo ha vivido ese desvalimiento, y desde esa humillación nos ha levantado hasta hacernos hijos de Dios con Él.

La enfermedad, que a todos nos llega como consecuencia del pecado, y que nos conduce a la muerte, puede vivirse con sentido redentor, si estamos unidos a Cristo. Es decir, puede vivirse como una situación en la que brille el amor, como algo más fuerte que la muerte y que el pecado. “Mientras este cuerpo se desmorona, tenemos un sólido edificio construido por Dios, no por hombres, en el cielo” (2Co 5,1).

Es obligación de amor para con nuestros hermanos buscar el remedio de sus dolores y enfermedades, pero antes o después nos encontraremos con el tope de la muerte. La muerte, y la enfermedad que la preanuncia, puede vivirse a la fuerza, de mala gana, protestando por lo mal que uno lo pasa. O, por el contrario, puede vivirse con amor, en libertad, en plena donación a Dios a favor de los hermanos.

La Jornada mundial del enfermo este año nos apunta a los enfermos mentales, que constituyen una quinta parte de la humanidad. Los conflictos armados, las catástrofes naturales, el terrorismo con sus amenazas han originado en muchos ciudadanos traumas psíquicos, de difícil sanación. Y en los países desarrollados, el ritmo de vida y la crisis de valores morales influyen negativamente en el psiquismo de muchos.

Que todos los agentes de la salud se sientan valorados en este camino de acompañar y ayudar a los enfermos, y especialmente a los enfermos mentales. Que la familia acompañe con su calor y su acogida a sus miembros enfermos. Que todos vivamos el sentido redentor de la enfermedad, de manera que sea una ocasión de experimentar un amor más grande, que transparente la gloria de Dios.

Los enfermos, también los enfermos mentales, son personas muy útiles, porque colaboran con Jesucristo en la redención del mundo, y proporcionan a los demás la ocasión de ejercer un amor, que brota gratuito del Corazón de Cristo.

 

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona