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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


La cultura de la vida
12 de Noviembre de 2006

Dios es amigo de la vida y ha creado al hombre capaz de vivir y de amar la vida. Todo lo que fomenta la vida, que viene de Dios, podemos calificarlo como “cultura de la vida”. Y todo lo que se propone estropear la vida humana es un atentado contra la vida, forma parte de la “cultura de la muerte”.

Vida y muerte están en continuo combate. En Jesucristo, la muerte ha sido vencida. El cristianismo es un mensaje de vida. Más aún, de triunfo de la vida sobre el poder de la muerte. Esta lucha tendrá que sostenerse a lo largo de toda la historia humana, hasta que el último enemigo aniquilado definitivamente sea la muerte.

En nuestros días, la vida tiene que enfrentarse al poder de la muerte, que se camufla bajo apariencia de progreso con razones aparentemente científicas, y a veces incluso manipulando la compasión humana.

Hace pocos días el gobierno ha enviado a las Cortes la ley de investigación biomédica, que no protege la vida humana y permite la clonación de seres humanos. Quedará regulado por ley, es decir, será legal y legítimo que se investigue con embriones humanos, matando a los que convenga, manipulando la vida humana en sus mismos orígenes. Hemos tocado lo más sagrado de la naturaleza creada, el origen de la vida humana, y aquí no se respeta para nada lo que el Creador ha hecho. Se trata de modificar los planes de la creación, para reinventar a nuestro capricho el ser de las cosas.

Para eso, se considera al embrión humano como un amasijo de células, como simple material biológico, sin ningún contenido personal, durante los 14 días que tarda desde su fecundación hasta su implantación natural en el seno materno. A esto se le llama pre-embrión, saltándose todas la verificaciones científicas, que cada vez coinciden más en decirnos con el microscopio en la mano que desde el momento mismo de la concepción tenemos un ser humano, una persona humana. Y, por tanto, la destrucción de embriones será una matanza permanente de personas humanas en el primer estadio de su vida humana.

No se admiten cortapisas éticas. Si la ciencia tiene medios técnicos a su alcance para hacerlo, que lo haga. Así comenzó la bomba atómica. Y el que se atreva a pensar sobre la realidad de la vida, tal como Dios la ha creado y la ciencia nos la presenta, y concluya con su sentido común que el origen de la vida debía ser algo superprotegido, es calificado inmediatamente de fundamentalista, de retrógrado, de querer imponer a los demás su pensamiento, de ser enemigo de la ciencia, etc., etc.

Sin embargo, no podemos callar, y continuaremos gritando a favor de la vida humana, más necesaria de protección cuanto más indefensa y más débil. La nueva ley de investigación biomédica es un fuerte atentado contra la vida humana. La nueva ley se sitúa dentro de la cultura de la muerte, no para curar, sino para destruir vidas humanas y para montar un negocio millonario con la explotación de todo ese “material biológico”.

Ahora bien, una sociedad que no es capaz de defender a los más débiles, de defender la vida en sus orígenes más tiernos e indefensos, es una sociedad que se ve envuelta en la marea negra de la “cultura de la muerte” y se precipita hacia su propia destrucción. El cristiano es amigo de la vida y, unido a Cristo, es capaz de vencer la muerte en las personas y en la sociedad. Fomentemos entre todos la cultura de la vida y de la verdad. Son el mejor antídoto contra la mentira y la muerte, que siempre han ido juntas.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona