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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


El cuerpo no es para la fornicación,
sino para el Señor

15 de Enero de 2006

El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor. Asistimos a un choque frontal entre la propuesta de la Palabra de Dios y la propuesta que el mundo de hoy hace a jóvenes y mayores, hombres y mujeres.“El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor” (1Co 6,13), nos dice la segunda lectura de la misa de hoy.

La liberación sexual que se pretende alcanzar invitando a que cada uno haga lo que le dé la gana, hace que la sexualidad se haya convertido en una bomba de mano, que antes o después explota en contra de quien la tiene y hace estragos a su alrededor. Se dice que uno puede elegir la tendencia sexual que prefiera. Uno puede ser biológicamente varón o mujer, y aceptarlo como tal, o puede cambiar de opción. Y al buscar la relación con el otro, puede satisfacer la tendencia hacia el mismo sexo o hacia el sexo complementario. Se pretende romper todo condicionamiento, incluso el biológico, en aras de una libertad que no tiene nada que ver con la verdad de las cosas y de la naturaleza.

Los desórdenes en el campo de la sexualidad no son de ahora. Son tan viejos como el mismo hombre. Por eso, la Palabra de Dios alerta sobre tales desórdenes, que destruyen al hombre y han destruido civilizaciones enteras. El hombre ha salido bien hecho de las manos de Dios, cuando Dios lo ha hecho “varón y mujer” y “vio Dios que era muy bueno” (Gn 1,27.31). Y cuando el Hijo de Dios se ha hecho hombre, ha santificado la sexualidad humana, la ha dignificado, y ha dado al cuerpo humano su pleno sentido esponsal, tanto para los que son llamados a vivir en matrimonio, como para los que son llamados a vivir en virginidad y celibato. La virtud que organiza el campo de la sexualidad se llama castidad. Es una virtud humana y cristiana muy noble, que favorece grandemente la convivencia pacífica y hace de la sexualidad un motor positivo de relación y no de enfrentamiento o prepotencia.

“El cuerpo no es la para la fornicación, sino para el Señor”, nos recuerda san Pablo. Y añade dos razones importantes. La primera, porque sois miembros de Cristo y templos del Espíritu Santo. Y la segunda, porque este cuerpo mortal está llamado a la resurrección, como ha resucitado Cristo en su cuerpo.

Qué tontos algunos cristianos cuando creen que, no hablando de sexualidad en la familia, en la catequesis, en la formación de jóvenes y adultos, la gente va a vivir mejor este campo tan importante de la personalidad humana. Todo el día y a todas horas se está hablando de estos temas, y la invitación continua es a disfrutar de la sexualidad sin orden ni concierto. De ahí, cosechamos algunos estragos. El SIDA que se propaga como la pólvora, los abortos que crecen en progresión geométrica, las infidelidades matrimoniales que destruyen la familia, la píldora del día después que deja a la mujer hecha polvo.

En situaciones como ésta, la Palabra de Dios se convierte en luz que nos llena de gozo. Presentar la sexualidad humana según el plan de Dios, ordenada por la virtud de la castidad, es una urgencia de nuestro tiempo. ¡Glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona