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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Una fiesta en familia
16 de Julio de 2006

El Vº Encuentro Mundial de las Familias ha congregado familias de todo el mundo, y muy especialmente de España, en tono de fiesta para celebrar nuestra fe cristiana. El encuentro con el Papa Benedicto XVI ha sido un encuentro que ha confirmado la fe de los presentes y de los ausentes en el proyecto de Dios, que ama al hombre y le llama a vivir en familia.

Estaba todo previsto, pero el dolor es imprevisible y cuando llega nos hace capaces de expresar lo mejor de nosotros mismos, la compasión y la solidaridad. Gracias a la buena organización, hemos podido comprobar una reacción inmediata de solidaridad, que ha enjugado las lágrimas de tantos corazones destrozados.

El accidente trágico de Valencia, a pesar de algunas opiniones interesadas, no ha empañado el Vº Encuentro Mundial de las Familias, sino que ha servido de pórtico para expresar un sentimiento común que a todos nos ha unido en el dolor por las víctimas y sus familiares. Este acontecimiento triste ha servido para evidenciar la importancia de la familia, especialmente en circunstancias dolorosas.

Una vez más la muerte ha hecho acto de presencia en el escenario de la vida, y aunque se pretende ocultarla tantas veces, en ocasiones como ésta es imposible andar con tapujos. La muerte está ahí. Unas veces llega sin avisar, otras, dándonos algunos toques de atención. Es, en definitiva, el problema más profundo del corazón humano. Sería insensato vivir de espaldas a este problema.

La fe cristiana nos aporta una luz que ninguna otra explicación es capaz de aportar. Jesucristo ha vivido la muerte, nuestra muerte humana. Y con ello se ha acercado al hombre, mostrándose solidario hasta el extremo. No ha afrontado el tema de la muerte desde lejos o en teoría, sino viviéndolo en su propia carne. Pero además el mismo Jesucristo ha resucitado, ha vencido la muerte y nos abre un horizonte de vida más allá de la muerte. El que vive con Cristo, cuando pasa por el trago de la muerte, se siente especialmente acompañado y consolado por quien lo ha vivido antes que él, pero además sabe por la fe que detrás de la muerte le espera una vida sin fin, la vida eterna, que Dios ha preparado para quienes le aman, y que Cristo nos ha merecido con su muerte y resurrección.

El cristianismo es buena noticia también para el hombre de hoy, que se ve acosado por la muerte, prevista o imprevista. El hombre no es un ser para la muerte, sino que existe para la vida, para vivir y gozar eternamente. El accidente de Valencia, que no estaba programado en el Vº Encuentro Mundial de las Familias, ha servido para poner ante los ojos del mundo entero que sólo Jesucristo es capaz de dar respuesta al problema más hondo de la existencia humana, porque sólo Él puede decir al hombre una palabra de esperanza cuando la muerte se presenta en el camino de la vida. Este accidente imprevisto ha sido también ocasión para que en todos los corazones haya brotado lo mejor de nosotros mismos, la compasión y la solidaridad hacia el hermano que sufre.

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona