|
|
|
Día del Seminario
Necesitamos sacerdotes en nuestra diócesis de Tarazona. En todas las parroquias de la diócesis hasta el día de hoy puede celebrarse la eucaristía dominical. Ese momento semanal de encuentro con el Señor resucitado, que va llenando de esperanza nuestras vidas, que crea comunidad y comunión entre los miembros de un pueblo. “No podemos vivir sin el domingo”, decían aquellos primeros cristianos de Abitene. Y, puesto que no puede haber Eucaristía si no hay sacerdote que la celebre, podemos decir también nosotros: “No podemos vivir sin sacerdotes”. Si no hay sacerdotes, la Iglesia languidece y puede desaparecer de nuestras tierras. Dios no lo permita. Los sacerdotes no nacen, sino que se hacen. Un signo importante de vitalidad de una comunidad cristiana es precisamente éste: que en su seno brotan vocaciones para el ministerio sacerdotal. Es preciso revitalizar nuestras comunidades cristianas, es necesario trabajar en la pastoral con los jóvenes y los adultos, es urgente proponer el seguimiento de Cristo, que resulta atrayente para quienes le conocen. Hemos de proponer abiertamente a niños y jóvenes la posibilidad de ser sacerdotes, dejando que su libertad fortalecida por la gracia responda en el momento oportuno. Nuestro Seminario de Tarazona comienza una nueva etapa. Os lo explico con más detalle en la carta pastoral que he escrito en estos días, y que podéis pedir a vuestro párroco o buscarla en la web de la diócesis: “El Seminario de Tarazona. Una nueva etapa”. Durante el curso presente hay nueve alumnos en el Curso de Espiritualidad, recibiendo una sólida fundamentación de su vida espiritual para afrontar el ministerio que un día se les encomendará. Para el próximo curso tenemos previsiones de contar con un grupo de seminaristas, que recibirán toda su formación en el Seminario Diocesano de Tarazona, junto al obispo. Necesito vuestra colaboración, queridos fieles diocesanos de Tarazona, para llevar adelante esta empresa, que es de Dios. Por eso os la pido en nombre de Dios. Necesito de los sacerdotes, primeros y principales agentes de la pastoral vocacional. Muy unidos al obispo y entre nosotros, afrontemos esta nueva etapa con esperanza. Hay niños y jóvenes en nuestras parroquias que son llamados para el sacerdocio. Estemos atentos, y ayudemos estas vocaciones. Necesito a las familias, porque la familia es el primer seminario. Os pido, queridos padres, que seáis generosos dando a vuestro hijo, si Dios le llama a tan alta vocación. Necesito de la oración de todos, porque es Jesús el que nos dice: “Rogad al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies” (Lc 10,2). Y necesito también vuestra ayuda económica. La diócesis de Tarazona, porque es pobre, es muy generosa en las grandes colectas del año. A partir de ahora, una de las colectas más grandes tiene que ser la del Seminario. Ayudar al Seminario es ayudar a que la Iglesia tenga sacerdotes, es invertir en una necesidad que repercutirá en nuestro propio bien y en el de la Iglesia universal. Admitimos aportaciones en metálico o en especie. Afrontaremos alguna reforma del edificio del Seminario y tenemos que ayudar a los alumnos que vienen de países mucho más pobres que nosotros. Sed generosos, como sabéis hacerlo en las causas nobles. Dios os lo pagará a todos. Con mi afecto y bendición: |