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| Con María esperamos el Espíritu Santo Suele cruzarse el tiempo de mayo, dedicado a María, con el tiempo pascual, cuyo remate es la fiesta de Pentecostés. Dos temas que van íntimamente unidos. María y el Espíritu Santo. El mes de mayo está dedicado en nuestras latitudes a María, por ser el mes de las flores. A ella, que es la flor más hermosa que se vio nacer. Muchos niños de primera comunión llenan el mes de mayo con sus flores frescas a María. Fomentar entre los niños y los jóvenes el amor a la Virgen María es dejar en su corazón una semilla de consuelo y de esperanza para toda su vida. María es referente de pureza y santidad para todo cristiano. La fiesta de Pentecostés es la fiesta del Espíritu Santo. La tercera Persona de la Santísima Trinidad fue enviada desde el seno del Padre cuando el Hijo Jesucristo ascendió a los cielos, ya glorificado, a los cincuenta días de su resurrección. El Espíritu Santo brota del corazón abierto de Cristo en la Cruz, el Sagrado Corazón de Jesús, que vive y reina glorioso en el cielo. Desde ese Corazón que ama sin medida, brota como un río de agua viva el Espíritu Santo para todo el que tenga sed. El día de Pentecostés estaban reunidos los Apóstoles en oración con María en el Cenáculo. De repente, vino como un viento impetuoso, signo del Espíritu Santo, que se posó sobre ellos como en lenguas de fuego. Y quedaron todos llenos del Espíritu Santo. Aquí comenzó su andadura la Iglesia, que Cristo había fundado sobre el cimiento de los Apóstoles, llenándola de su amor. María había acogido en su corazón y en su seno la acción fecundante del Espíritu Santo el día de la Anunciación, cuando el ángel vino a pedirle que fuera madre de Dios. “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu Palabra”. Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros. El Hijo de Dios se hizo hombre, por la acción vivificante del Espíritu Santo en el seno virginal de María. En este momento, María se convierte en Madre de Dios. Madre y virgen. En Pentecostés, María acoge la acción del Espíritu Santo junto a los Apóstoles, y se convierte así en Madre de la Iglesia. En un caso y en otro, el Espíritu Santo es el protagonista principal, y María colabora activamente, con todo su ser, alumbrando el cuerpo físico de Cristo y el cuerpo místico (su Iglesia). Preparándonos a Pentecostés, a la venida del Espíritu Santo, que brota del Corazón de Jesús, María puede disponernos a recibirlo abundantemente. El ejercicio de las flores durante el mes de mayo va adornando nuestro corazón para acoger al Espíritu Santo, que viene a raudales en Pentecostés para toda la Iglesia. Muchos jóvenes reciben en estos días el sacramento de la Confirmación, su Pentecostés personal. ¡Ven Espíritu Santo y enciende nuestros corazones con el fuego de tu amor! Con mi afecto y bendición: |