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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Oremos por la unidad de los cristianos
22 de Enero de 2006

 

Del 18 al 25 de enero (fiesta de la conversión de san Pablo) todos los cristianos rezan por la unidad de los creyentes en Cristo. Nosotros los católicos también. Pero, además de nosotros, rezan los ortodoxos y demás orientales, los protestantes (en todas sus ramificaciones), los anglicanos, etc. Más aún, en muchos lugares se reúnen para rezar juntos, incluyendo la oración del Padrenuestro con el que todos los cristianos nos dirigimos a Dios. Os pido que en todas nuestras parroquias, iglesias y comunidades se rece en estos días especialmente por la unidad de los cristianos.

Porque la unidad a la que todos aspiramos ha de llegar como un regalo de Dios, que entre todos hemos de preparar. Es una unidad que no significa uniformidad. Somos distintos por la cultura, por la historia de los pueblos, por las tradiciones litúrgicas, por las costumbres religiosas. El único Evangelio de Jesucristo se ha encarnado en formas diferentes de vivirlo, permaneciendo siempre el mismo. En cada lugar de la tierra a donde ha llegado el Evangelio, ha fructificado una historia de santidad que enriquece la tradición viva de la Iglesia. La unidad, por tanto, no será uniformidad, sino pluriformidad. Será comunión en lo esencial y diversidad que enriquece a todos.

¿Y qué es lo esencial en la Iglesia de Cristo? En primer lugar la misma confesión de fe, que brota de la Palabra de Dios, leída e interpretada en la Iglesia por su Magisterio. El mismo credo de Nicea (año 325), que rezamos en la misa, en el que confesamos que Dios es Padre, Hijo y Espíritu Santo. Que el Hijo-Dios, consustancial al Padre, se ha hecho hombre verdadero, naciendo de María Virgen, y nos ha redimido muriendo en la cruz y resucitando al tercer día. Que el Espíritu Santo es Dios y nos diviniza. Que la Iglesia es una, santa, católica y apostólica.

Además, los mismos sacramentos, que Cristo ha instituido. El primero, el Bautismo. El más importante de todos, la Eucaristía, que es actualización del único sacrificio de Cristo para el perdón de los pecados y es banquete fraterno que alimenta la comunión de unos con otros. Y para que haya Eucaristía, el sacramento del Orden. Y todos los demás.

Y en tercer lugar, el mismo gobierno pastoral bajo el cayado del Vicario de Cristo, el sucesor de Pedro, sobre el que Cristo ha fundado su Iglesia. En nuestros días, el Papa Benedicto XVI. Él es cabeza visible de la Iglesia y vínculo de unidad de todos los creyentes en Cristo. La obediencia a los que nos gobiernan en nombre de Dios es un elemento esencial a todos los niveles en la Iglesia.

Pero el pecado, cometido por los hombres a lo largo de la historia, ha hecho estragos también en este campo de la unidad. El pecado ha introducido rupturas y ha producido heridas, que todavía hoy están sangrantes. Nosotros no somos culpables de tales rupturas, pero somos responsables de restaurar la unidad, de restañar las heridas. Por eso, el primer paso hacia la unidad de los cristianos es que nos duela la división y que nos sintamos protagonistas en la reconstrucción de la unidad, que el Espíritu quiere conceder a su Iglesia.

Oremos por la unidad de los cristianos. Trabajemos por la unidad en lo que está a nuestro alcance. Evitemos las disensiones, las envidias, los recelos mutuos.”Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”, nos dice el Señor.

 

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona