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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Nuestro Seminario Diocesano (II)
24 de Septiembre de 2006

Os decía en la carta del domingo pasado que el próximo lunes 25 de septiembre inauguramos el curso académico en nuestro Seminario Diocesano de Tarazona, que incluye no sólo a los alumnos menores, sino también a los mayores. Dos alumnos menores y trece mayores. Estáis invitados todos a participar en este acto, en el que nos acompaña y tendrá la lección inaugural el Sr. Arzobispo de Zaragoza, D. Manuel Ureña Pastor.

¿Será posible que nuestro Seminario en Tarazona pueda volver a tener un número abundante de seminaristas? Yo estoy seguro de que va a ser que sí. Incluidos jóvenes de nuestra diócesis, que irán conociendo el Seminario y, si Dios les llama, podrán entusiasmarse con la vocación sacerdotal. Sabiendo como actúa Dios, tengo el presentimiento y la esperanza de que vendrán también seminaristas de nuestra tierra, para Tarazona y para la Iglesia universal. Y con ellos, seminaristas de distintas partes del mundo, a los que la diócesis de Tarazona abre sus puertas, como un servicio misionero, que ensancha en nosotros el horizonte de Iglesia universal.

Depende mucho de la fe que pongamos todos en ello. Por eso, no me canso de deciros que lo pidamos con mucha confianza al Señor de la mies, para que envíe obreros a su mies, que es abundante. Depende mucho de la actitud de las familias. Cuando una familia recibe la insinuación o la noticia de una vocación en su casa, ¿cómo reacciona? ¿Es para ellos una buena noticia, una gran alegría?

Conozco familias que lo recibirían muy bien, pero también hay familias que intentan por todos los medios quitarle la idea al hijo que se acerca a la Iglesia o a la hija que va un poco más a misa, no sea que se vaya a ir de monja. Como si el ser cura o el ser monja fuera una desgracia. Familias, padres, madres, abuelos, hermanos, rezad para que Dios conceda a vuestra familia el don de una vocación para Dios y para el servicio a los demás.

Y depende mucho también del colegio, donde un chico o una chica pasan gran parte de su jornada. Hay profesores cristianos, que presentan esta vocación con normalidad a sus alumnos jóvenes. Otros, pasan de todo esto. Y otros, por el contrario, despotrican contra Dios, contra la Iglesia y contra los curas, sembrando de sal el corazón de muchos jóvenes. Algunos jóvenes, sin embargo, les salen respondones, y no faltan casos de alumnos y alumnas que se han planteado más en serio su vida cristiana cuando encuentran un profesor borde, que no respeta las creencias de sus alumnos.

Pero depende, sobre todo, de los sacerdotes y del obispo. No son los únicos agentes de pastoral. Los seglares y los consagrados tienen su lugar insustituible en la Iglesia, y un lugar precioso. Pero todos sabemos que Jesucristo ha hecho depender a su Iglesia principalmente de los sacerdotes y de los obispos. Y, si un sacerdote vive entusiasmado su sacerdocio, es muy probable que en su entorno alguien se plantee la pregunta de la vocación, y los chicos la pregunta de la vocación sacerdotal. Y, si un sacerdote vive desinflado, es más difícil que en su jardín broten estas flores de la consagración a Dios. Queridos sacerdotes, hagamos la propuesta sin miedo y vivamos contentos nuestro sacerdocio. Quizá nos llevemos gratas sorpresas, porque también hoy, y más que nunca, vale la pena ser sacerdote.

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona