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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Otro atentado
26 de Febrero de 2006

 

Pedimos una tregua, por favor. La vida humana está en peligro. Me refiero a la ley de reproducción asistida, aprobada el 16 de febrero pasado por el Parlamento español. Una ley que permite la clonación terapéutica con la consiguiente destrucción de los embriones sobrantes, los bebés-medicamento y la fecundación de ovocitos animales con esperma humano.

La ciencia tiene posibilidades que alguna autoridad humana tiene que encauzar. Por el camino de la ciencia se inventó la bomba atómica, y fue tremendo su resultado cuando se experimentó en Hiroshima.No todo lo que la ciencia pueda hacer es bueno para el hombre. Hay cosas que la ciencia puede hacer y que destruyen al hombre, y deben ser prohibidas para bien del hombre.

Decir no a estos avances de la ciencia es para decir SI a la vida humana, en cualquiera de sus fases, y sobre todo en la fase más débil, cuando acaba de ser engendrada. El SI a la vida que brota del sentido común y de la fe cristiana nos dice que desde el momento de la fecundación, tenemos una persona humana. La ciencia no contradice esta afirmación, sino que la fundamenta y la demuestra cada vez más.

Y, si hay una persona humana, merece todo el respeto del mundo. Una vida naciente debe ser protegida, y el claustro materno debe ser el lugar más seguro para el ser humano que empieza a vivir. Por eso, el aborto es un crimen execrable, y no es lícito al hombre matar la vida cuando acaba de brotar, porque la vida es de Dios. El aborto provocado ofende a Dios, ofende al ser humano que es eliminado violentamente, degrada la dignidad de quien lo practica, degrada a la sociedad que lo tolera y lo despenaliza. No se puede invocar la libertad de la madre para abortar, como no existe libertad para matar. Quien mata es homicida.

Un paso más en esta dirección es la fecundación “in vitro” (en el laboratorio), para fabricar nuevos seres humanos. Se invoca el derecho de los padres a “disfrutar” de un hijo, como si el hijo fuera una cosa que se tiene a capricho. Y, si éste no puede ser engendrado, se “encarga” a una clínica, que tiene que producir varios, por si alguno se estropea. Los que no se deseen, se congelan, y en último término se destruyen. Para alcanzar el hijo deseado, hay que matar a otros engendrados por el camino. Sin embargo, es derecho de todo hijo nacer del abrazo amoroso de sus padres, y ese abrazo no debe ser sustituido por la manipulación del laboratorio. El asunto es más grave aún si la fecundación se realiza con esperma “anónimo”, tomado de un banco de semen.

La nueva ley de febrero 2006 permite no sólo fecundar, sino también clonar nuevos seres humanos, destruyendo los que no convenga, seleccionar genéticamente los mejores y destruir los peores, e incluso fecundar un óvulo de animal con semen humano (una auténtica bestialidad). Y todo ello, para no poner límites a la ciencia. Todos sabemos que el negocio económico es impresionante, y los políticos, que deben servir al bien del hombre y del hombre más débil e indefenso, se apuntan al progresismo de la ciencia, consienten los grandes intereses económicos y se sienten incapaces de frenar esta avalancha.

Pero, ¡son seres humanos! La Iglesia, aunque se quede sola, continuará desgañitándose a favor de la vida naciente. Hitler, con el respaldo de las urnas, se apuntó a esta carrera en contra del ser humano, y hoy todos nos lamentamos de tanta destrucción. Por favor, una tregua. La vida humana está en peligro.

 

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona