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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


La vida consagrada
29 de Enero de 2006

 

El próximo jueves 2 de febrero, fiesta de la Candelaria, celebramos la Jornada Mundial de la Vida Consagrada. Cuando Jesús, a los cuarenta días de su nacimiento, fue presentado en el templo en brazos de su madre María, acompañados por su padre José, la Iglesia nos invita a considerar la vida y el trabajo de quienes han consagrado a Dios toda su existencia.

Todos los bautizados hemos sido consagrados en el Bautismo. Por este sacramento, completado en la Confirmación, el Espíritu Santo nos va convirtiendo en ofrenda permanente al participar en la Eucaristía. Somos ofrecidos a Dios para que toda nuestra vida le sea agradable, sea un culto permanente y un servicio a los hermanos.

Algunas personas, sin embargo, son llamadas por el Señor para consagrarse a Él plenamente, con nuevo título. La vida consagrada consiste en la profesión de los consejos evangélicos de castidad perfecta (en la virginidad o el celibato), obediencia y pobreza para toda la vida. Es una novedad que brota del Evangelio, y es una buena noticia para el mundo, también para el mundo de hoy. Es la forma de vida que Cristo eligió para sí y propuso a quienes quisieran seguirle más de cerca. Así vivió su madre, María, y su padre, José. Y así han vivido millones de personas a lo largo de la historia, en el seguimiento corporal de Jesucristo.

Unos son llamados a la vida contemplativa, es decir, a hacer de su vida una continua alabanza a Dios, como lámparas que arden y se consumen en la presencia de Dios. El mundo no entiende esta forma de vida. Y a veces hay creyentes que no se lo explican. Pero Dios es como una zarza ardiente que fascina, y la persona queda encandilada por Dios, y hace de su existencia una alabanza permanente, en la oración y en el trabajo. Cuánto bien nos hacen estas personas contemplativas, monjes y monjas, que se han apartado del mundo para vivir en el claustro, y nos recuerdan que Dios es el único que puede llenar el corazón del hombre. Cuántos dones de Dios llegan a toda la humanidad a través de la intercesión de estos hermanos y hermanas que gastan su vida en el silencio y en el combate del desierto. Los contemplativos son un bien precioso para la humanidad.

Otros son llamados a la vida apostólica. Es decir, consagrados a Dios, dedican su vida a obras de apostolado, de enseñanza, de asistencia social a los pobres y enfermos. Y a veces donde nadie quiere estar, en los lugares más pobres o en los países de misión, sin ninguna comodidad. Todo el mundo valora esta dedicación, hasta los no creyentes. Y lo valoran por el bien social que realizan. Pero el secreto de estas personas está en una vida sostenida por Dios, de donde brota la entrega gratuita a los demás. Son los religiosos/as, los miembros de Institutos Seculares y Sociedades de Vida Apostólica, las vírgenes consagradas y otras formas de consagración.

Valoremos la vida consagrada que está presente y actúa en nuestra diócesis de Tarazona. Siete monasterios de clausura y diecisiete comunidades de vida apostólica, además de algunos miembros de Institutos Seculares. Y pidamos a Dios que no nos falten estas personas consagradas, testigos de la santidad de la Iglesia. Que muchos jóvenes, chicos y chicas de nuestra diócesis, se sientan llamados por Dios a este esta vocación y encuentren aquí un camino de plena realización para sus vidas. Ellas y ellos nos enseñan que hemos de “buscar sólo y sobre todo a Dios”.

Con mi afecto y bendición:
+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona