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| La Semana Santa La Cuaresma nos prepara para la Pascua del Señor. El próximo domingo, día 8, celebraremos la resurrección de Cristo, y desde la entrada de Jesús en Jerusalén, la última cena y la institución de la Eucaristía, la pasión y la muerte de Jesús. Todo ello constituye el misterio central de nuestra fe cristiana. Somos discípulos de Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, el que murió por nosotros en la cruz para perdonar nuestros pecados, el que ha resucitado de entre los muertos y vive glorioso para siempre. Somos discípulos de uno que ha vencido la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal. Prepararse para la Pascua supone ajustar aspectos de nuestra vida que se van deteriorando por nuestra condición de pecadores. Lo primero que nos recuerda la Cuaresma es que tenemos que volver a Dios, buscar a Dios, convertirnos a Dios con todo el corazón. Una vida sin Dios es una desgracia . Volvamos a Él, y Él curará las heridas de nuestros pecados. Dios nos invita a compartir su vida en amistad. La oración es tratar con Dios de amistad . La oración supone una actitud de escucha, supone abrir el corazón para dejarse amar, para dejarse enamorar por quien sabemos que nos ama. La lectura de la Palabra de Dios, la celebración atenta de la Eucaristía dominical, la recepción del perdón en el sacramento de la penitencia, son expresiones de nuestra vuelta a Dios. Durante la cuaresma somos invitados especialmente a “estar con Dios” en la oración. Una práctica cada vez más extendida consiste en pasar largos ratos ante la presencia de Cristo Sacramentado, en ejercicio de adoración. Hay cada vez más lugares donde el Santísimo Sacramento está expuesto durante varias horas, y allí acuden fieles de todas las edades para estar con Él. De la oración se derivan todos los bienes. En el trato con Dios vemos todo lo que nos estorba. Por eso, es necesario el ayuno . Quitar lo que nos estorba se hace necesario en todos los campos. La Cuaresma nos invita a seguir a Cristo en el vía crucis, participar de su muerte, morir a todo lo que nos aparta de Dios y de los hermanos. El deportista se somete a todo tipo de privaciones con tal de estar en forma. No podemos ser cristianos dándonos todo tipo de gustos. Hay que privarse de tantas cosas, para hacerse disponible y libre para amar. Cuando uno piensa sólo en sus gustos, no crece en el amor, se anquilosa. La Cuaresma es ejercicio del espíritu, para estar atento a Dios y para amar más a los hermanos. El amor de Dios recibido en nuestros corazones nos lleva a amar como Él nos ha amado. La vocación del hombre es el amor, y aquí no hay término medio. Es decir, estamos llamados a amar sin medida , hasta el extremo, como nos ha amado Jesús. La Cuaresma es una permanente invitación a abrir nuestro corazón para amar a los demás, especialmente a los que más lo necesitan. Amar incluso a los que no nos quieren. Amar perdonando a quien nos ha hecho mal. Esto supera las fuerzas humanas, es gracia de Dios. Y en Cuaresma, Dios nos quiere aumentar la capacidad de amar. “Perdona nuestras ofensas, como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…” Oración, ayuno y limosna (misericordia) son los tres pilares de la Cuaresma. Volvamos a Dios, y se ampliará el horizonte de nuestro amor a los demás. Os deseo que lleguemos purificados a la gozosa celebración de la Pascua. Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |