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| De la mano de María El mes de septiembre marca la vuelta a la vida ordinaria. Quizá muchos todavía gozan del descanso que otros ya han disfrutado, y al que ellos también tienen derecho. Pero generalmente, el mes de septiembre es momento de comenzar el nuevo curso escolar, y a ese ritmo comenzar el curso pastoral y una nueva etapa de nuestros trabajos ordinarios. Ahí queda el encuentro con los amigos, siempre estimulante para el camino de la vida; el descanso de las tareas ordinarias, que nos hace mirar el futuro con nuevas iniciativas y con capacidad creativa; el alma más serena, si hemos dedicado más tiempo a la oración, al silencio, a la reflexión. Ahí queda todo eso, que deja su poso en el alma. Habrá quienes en los días de vacaciones han acumulado más cansancio, o quienes están deseando la vuelta a la vida normal para serenarse. El mes de septiembre señala un cambio de estación, y hemos de afrontarlo con deseo de crecimiento en todos los sentidos. Pues el mes de septiembre lo comenzamos con la novena de la Virgen, que desembocará en la fiesta de la natividad de María, el 8 de septiembre. En torno a esta fecha, tenemos fiestas patronales en muchos parroquias. Durante los próximos días veremos con frecuencia la escena de la vuelta al colegio. Niños que estrenan curso, cartera, libros, uniforme, etc. y que gozan ante la experiencia de crecimiento, siempre exultante. Otros, sin embargo, llorando o cabizbajos por tener que dejar el tiempo libre del verano y someterse al ritmo disciplinado de la clase. En unos casos y en otros, es bonito ver a los más pequeños de la mano de su madre, que con cariño y con firmeza lleva a su hijo al colegio, y lo confía al profesor para que lo eduque. El encuentro con otros de la misma edad, aliviará la fatiga y enjugará algunas lágrimas. La fiesta de la Virgen, en su natividad, nos permite a los cristianos comenzar el mes de septiembre de la mano de María, nuestra madre. Ella es “vida, dulzura y esperanza nuestra”. En ella confiamos al comenzar esta nueva etapa de nuestra vida. Ella aliviará nuestras penas y mitigará nuestros cansancios. Ella, sobre todo, nos llena de esperanza, porque nos dice al oído el proyecto de santidad que Dios tiene para cada uno de nosotros. Comencemos el nuevo curso con verdadera ilusión, con entusiasmo. No es una repetición monótona de lo que ya hicimos el año pasado. El nuevo curso nos traerá nuevas oportunidades de gracia, de encuentro con los hermanos, de amistad con Dios. Se nos ofrece este tiempo como un tiempo de crecimiento personal. Sacudamos la pereza, que sólo genera tristeza. Y pongámonos en camino, animando a otros a ponerse en movimiento. Tenemos delante muchas tareas: la vida parroquial, la catequesis, la formación permanente que a todos nos afecta, la caridad que se hace cercanía y atención al necesitado, la presencia de los laicos en la vida pública para animar nuestra sociedad con el fermento del Evangelio. María quiere conducirnos durante este nuevo curso, llevándonos de la mano a su hijo Jesús y al encuentro de nuestros hermanos. Vayamos contentos con ella, como el niño que va al colegio de la mano de su madre. Que su fiesta nos llene de alegría, y nos ponga en camino de santidad. Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |