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| Jesús ofrecido en el templo Llegamos al 2 de febrero, fiesta de La Candelaria . Litúrgicamente , celebramos la presentación de Jesús en el Templo, en brazos de su madre María, acompañados de José, que hace las veces de padre y que lleva en sus manos dos pichones, como precio de rescate del primogénito ofrecido a Dios. “A los cuarenta días de su nacimiento…” (Lc 2,22) llevaron al Niño para presentarlo en el Templo, en un acto de ofrecimiento a Dios del que habrá de ofrecerse por todos los hombres en el Calvario. La escena es muy entrañable: María lleva en sus manos al Niño, y el anciano Simeón lo recibe lleno de gozo y satisfacción, como luz de las gentes ( lumen gentium ) al tiempo que anuncia que este Niño será signo de contradicción y una espada de dolor atravesará el alma de su madre María. En esos brazos de María, junto a Jesús, somos ofrecidos todos los hombres. La vida humana adquiere su pleno sentido cuando es donada. No se nos ha dado la vida para guardárnosla, para gastarla en provecho propio, sino para darla. Mas aún, para ofrecerla a Dios, como un acto de culto a Dios, del que se beneficiarán los demás, porque Dios es amigo del hombre. Por parte de la persona que se ofrece, que se da, es importante descubrir esta motivación más honda, que sólo en Dios tiene su término. Aunque los hombres muchas veces sólo ven el bien que se hace a los demás, la persona ofrecida sabe que es Dios quien está en el origen y en el término de su ofrenda . Nuestra vida adquiere esta dimensión desde el bautismo, en el que nos convertimos en ofrenda permanente por la acción del Espíritu Santo. La vida consagrada, que incluye a monjes y monjas, religiosos y religiosas, y toda forma de consagración especial al Señor, tiene en esta fiesta litúrgica la Jornada de la Vida Consagrada . Es una bonita ocasión para agradecer a Dios este precioso don en la Iglesia universal, y especialmente en nuestra diócesis de Tarazona. Son muchos los/las jóvenes que también hoy sienten el atractivo de seguir a Cristo de cerca, ofreciendo su vida a Dios en el camino de la castidad perfecta, la obediencia y la pobreza. Un estilo de vida evangélica, que ofrece al mundo una luz que proviene de Cristo, luz de las gentes. En la diócesis de Tarazona, siete Monasterios de monjas de clausura y más de veinte Comunidades de religiosas de vida apostólica, además de las personas consagradas en Institutos Seculares y una Comunidad de sacerdotes religiosos. Todo un caudal de amor, de entrega, de ofrenda a Dios. Vidas gastadas en el servicio a los demás, pero sobre todo son vidas ofrecidas a Dios, que el mismo Dios ha sostenido y pedimos sostenga hasta el final de la existencia de cada una de estas personas, para bien de los demás. Todos ellos son huellas de la Trinidad en la historia , como reza el cartel de este año. Damos gracias a Dios por la vida consagrada en la Iglesia. Son también una luz para los pastores y para los files laicos. Nos invitan a vivir más evangélicamente. Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |