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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Los mártires españoles
6 de mayo de 2007

Hace pocos días hemos recibido como una bocanada de aire fresco la buena noticia de la beatificación para el próximo otoño de 498 mártires de la persecución religiosa en España, en 1934, 1936 y 1937. No son caídos de la guerra, sino mártires de Cristo . Es decir, no son fruto de una contienda en la que caen de uno y otro bando. Son testigos de Cristo, que se han mantenido fieles a su fe y amor a Cristo hasta la muerte, y han muerto perdonando a sus verdugos, como hizo Jesucristo.

Se trataba de una persecución religiosa. Ellos no estaban en el frente luchando, sino que fueron buscados por ser cristianos, por ser curas o frailes o monjas, o seglares creyentes. Se les pidió renunciar a su fe, y ellos se mantuvieron firmes en esa fe y en su amor a Cristo. Con ello se pretendía borrar la fe y toda huella religiosa, en aras de una ideología totalitaria llena de odio contra Dios y contra la religión. Ideas marxistas y laicistas, plasmadas en personas concretas, se proponían borrar a Dios del mapa. Y en medio de tanta destrucción y de tanto odio, prevaleció el amor más grande . La Iglesia, experta en humanidad, con dos mil años de historia, reconoce en ellos a sus mejores hijos.

Ellos murieron perdonando. Al odio, respondieron con amor. En medio de la destrucción que se generaba en su entorno, ellos pusieron en el surco de la historia una semilla de amor, ellos sembraron la reconciliación. Los mártires no ofendieron a nadie, no impusieron a nadie sus creencias, querían vivir en libertad su religión. Algunos de ellos jovencísimos, muchos de edad joven, algunos ya ancianos. Su trabajo fue hacer el bien, pero el odio contra la religión no los soportaba. Fueron llevados al paredón, y ellos murieron perdonando y amando a quienes les mataban.

Es impresionante leer la crónica de su martirio, del martirio de cada uno, que está cuidadosamente examinado. Os invito a conocerlos de cerca. Llenos de fe y de amor al Señor, su Dios, confortados por el rezo del santo rosario, alimentados, cuando era posible, con la eucaristía, cantando salmos, gritando vítores a Cristo, desgarrados por el dolor que producía su muerte a sus seres queridos, triunfó en ellos el amor.

No faltarán quienes hoy quieran desfigurar la grandeza de estos hombres y mujeres buenos, de todas las clases sociales, o quienes politicen el acontecimiento por intereses de su ideología, o quienes desfiguren la historia, contándola a su manera. La Iglesia quiere proponerlos hoy a los creyentes y a todos los hombres de buena voluntad, como ejemplo de amor, de perdón y de reconciliación. Nada menos, y nada más. Junto a ellos hay miles y miles de testigos de la fe en la persecución religiosa de España de los años ´30. Algunos han sido ya beatificados, otros muchos lo serán en su momento. Ahora son 498, con sus nombres y apellidos, con sus rostros concretos.

Durante el siglo XX, no sólo en España, sino en otros muchos lugares de la tierra, la Iglesia ha sufrido persecución, y seguirá padeciéndola hasta el fin del mundo. Tres cuartas partes del total de mártires de toda la historia de la Iglesia son mártires del siglo XX. Nunca la Iglesia ha sido tan perseguida como en la época contemporánea, también en nuestros días. Nunca la Iglesia ha crecido tanto, como en nuestros días. Los mártires nos enseñan que sólo el amor triunfará, que sólo el amor será capaz de generar una nueva civilización del amor . Nunca como ahora la Iglesia puede tener la esperanza de una nueva primavera, porque la sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.

Demos gracias a Dios por el testimonio de estos mártires y que ellos nos ayuden hoy a vivir nuestra fe en medio de las dificultades que se nos presentan. Sólo el amor triunfará. El amor es más fuerte que la muerte y que el odio. Nadie podrá impedirnos amar hasta dar la vida, hasta la muerte.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona