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| No tienen vino Qué bien hace Dios las cosas, y con qué facilidad los hombres las estropean. Hasta las cosas más santas y más sublimes. Menos mal que Dios tiene inventiva para restaurar lo estropeado y hacerlo de nuevo, mejor que antes incluso. “No tienen vino”, fueron las palabras con que María se acercó a su hijo Jesús para describirle la situación de aquel matrimonio, a quienes se les había acabado el vino el día de su boda. El vino es signo de alegría. Quiere decir que aquellos novios agotaron su alegría muy pronto. Y María se dio cuenta de ello y presentó esta necesidad a su Hijo. Jesús convirtió el agua en vino, en un vino mejor que el anterior, en un vino abundante. Jesús trajo una alegría que no se acaba, una alegría que satisface el corazón del hombre en plenitud. Jesús hizo felices a aquellos novios, devolviéndoles una alegría que habían perdido. El matrimonio lo ha inventado Dios, y está muy bien hecho. En el matrimonio, el hombre (varón o mujer) encuentra la ayuda semejante, su complemento personal, su media naranja. El matrimonio pide un amor exclusivo. El hombre para la mujer, la mujer para el hombre. Un amor fiel y constante. Un amor que se afianza en las dificultades y que se demuestra en las pruebas de la vida. Un amor hasta la muerte. Cuando el hombre (varón o mujer) se cansa, cuando se deja llevar por sus caprichos y por su egoísmo, el vino de la alegría desaparece. “No tienen vino” es la constatación frecuente que hoy hacen muchas parejas, que no encuentran otra salida que la de separarse, y “rehacer su vida” cada uno por su cuenta. Si, además, hay hijos por medio, el drama se acentúa. Todos sabemos que hay casos irreversibles, que están mal planteados desde el principio, y que no tienen arreglo. O que el arreglo consiste en que se separen, y si llega el caso se estudie la validez o nulidad de ese matrimonio. Siempre los ha habido y los seguirá habiendo. Pero, en nuestros días, asistimos a una explosión de infidelidades matrimoniales, de separaciones, de divorcios expres. Muchos no aguantan a su pareja ni en la más mínima contradicción. Ha crecido alarmantemente el número de esposos que “no tienen vino”, que les falta alegría, que no son felices. Parece que muchos jóvenes llegan al matrimonio sin haber sopesado sus capacidades, sin haber puesto en juego sus talentos. Algo que Dios ha inventado para alegrar el corazón humano, se ha convertido en muchísimos casos, hoy más que nunca, en motivo de sufrimiento. El evangelio de este domingo propone una alternativa, que vale la pena probar. Acercarse a María y mostrarle la situación. “No tienen vino”. Ella no desesperó de la situación, no pensó que aquello se arreglaba rompiéndose. Ella confió en que su Hijo podía hacer un milagro, podía devolver a aquellos esposos el amor y la alegría que habían perdido. Y el milagro se produjo. Yo le pido al Señor en este domingo por tantos matrimonios que “no tienen vino”, para que, por la intercesión de María, se acerquen a Jesús, que ha venido para que nunca falte el vino de la alegría y del amor en aquellos que son llamados al matrimonio. Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |