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| Resurrección, no reencarnación En el tiempo pascual celebramos la resurrección de Cristo. Bueno, este misterio de Cristo está presente durante todo el año, porque el centro de nuestra fe es precisamente la resurrección del Señor. ¿Por qué creemos en Cristo? –Porque ha resucitado. Es decir, porque habiendo muerto en la Cruz por nosotros y por todos los hombres, ha resucitado inaugurando una vida nueva. Es algo inaudito. Nadie en la historia de la humanidad ha resucitado por su propio poder, como lo ha hecho Jesús. Resurrección no significa vuelta a la vida simplemente. Eso le sucedió a Lázaro, cuando Jesús lo resucitó después de cuatro días muerto, a instancia de sus hermanas Marta y María en Betania. Pero Lázaro, después de un tiempo, volvió a morir de nuevo como todo ser mortal. Jesús, sin embargo, ha vencido a la muerte y ya no muere más. Resurrección no es reencarnación . Algunos hoy, por influjo de doctrinas esotéricas, creen en la reencarnación, según la cual, después de la etapa presente de nuestra vida, habrá otras etapas, en las que tomaremos sucesivamente otro cuerpo. Según estas doctrinas, hoy somos una persona, en la siguiente etapa seríamos otra persona, y así sucesivamente. Jesucristo resucitado es el mismo ayer, hoy y siempre. Es un mismo sujeto, el Hijo de Dios, que ha tomado nuestra existencia humana en su etapa terrena y ahora vive la etapa celeste para siempre. Con su mismo cuerpo, no con otro. Cristo resucitado es aquel que ha vencido la muerte, habiendo pasado por ella. Y por tanto ha vencido el pecado, que es el causante de la muerte, incluso de la muerte eterna. Ha vencido al demonio, padre y príncipe de la mentira, que nos tienta para caer en pecado, y muchas veces lo consigue. Cristo resucitado es Cristo victorioso . Cristo resucitado ha inaugurado una vida nueva para el hombre, una vida que no tiene término ni fin. Cristo resucitado es Cristo gozoso, lleno de gloria. Cuando el Hijo se ha hecho hombre, ha vivido la existencia terrena despojado de la gloria que le correspondía por ser Hijo. Ha vivido humillado voluntariamente, despojado de todo, pobre, despreciado, entregado a la muerte como un malhechor. Ninguna humillación puede llegar al extremo que ha vivido Jesús. La resurrección, sin embargo, es la plena exaltación del que se humilló para expresarnos su amor. Y esta exaltación le ha llenado de gozo el corazón, hasta rebosar de alegría. La alegría de Cristo es la nuestra. Su victoria es para nosotros. El cristiano vive con la certeza de que también cada uno de nosotros resucitaremos, como ha resucitado Él. No para volver a esta vida, que desemboca en la muerte, sino para vivir con Él para siempre, incluso con nuestro cuerpo, que resucitará en el último día, como ha resucitado Jesús. Nada de reencarnación, sino plena resurrección. Dicen algunos que si se hallara la tumba con el cadáver de Cristo su fe no sufriría ninguna alteración. Pues esa fe no es la fe de la Iglesia, que nos anuncia que Cristo ha resucitado con su mismo cuerpo, transfigurado por la gloria y el gozo del Padre. El sepulcro de Cristo está vacío. Su cadáver ha sido glorificado. Es imposible, por tanto, que se halle la tumba de Cristo con sus restos mortales allí, pues la historia y la fe nos dicen a las claras: “No está aquí, ha resucitado”. Que el gozo de la Pascua os llene a todos hoy y para siempre: Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |