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| Una sola Eucaristía, distintas formas de celebrarla Jesucristo instituyó la Eucaristía en la última Cena , la víspera de su pasión, anticipando en ella el sacrificio del Calvario y su gloriosa resurrección. A través de este admirable sacramento, Jesucristo está con nosotros todos los días hasta que al final de la historia nos lleve al cielo, hace presente su sacrificio redentor y nos reúne en un solo Cuerpo, que es su Iglesia. En la Eucaristía, la Iglesia y cada uno de nosotros en ella, recibimos todos los dones de Dios y somos enviados a llevar al mundo el gozo del Evangelio. A lo largo de la historia, la Eucaristía ha revestido diferentes formas de celebración. Hay venerables tradiciones en oriente y occidente, y de distintas formas, con distintos ritos y en distintas lenguas, en todos los lugares se celebra aquella misma Cena del Señor, que nos une a todos en un solo Cuerpo. En occidente, donde nos encontramos, la Eucaristía se celebra en el rito romano, y en algunas ocasiones puede celebrarse en rito hispano-mozárabe para España. El rito romano es el que nos resulta más familiar, y es el propio de nuestras parroquias y comunidades. Este rito romano ha experimentado cambios y enriquecimientos a lo largo de la historia. El cambio más reciente ha sido la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II, que ha enriquecido notablemente el rito romano, tal como lo celebramos ahora. Pues bien, los que pasamos de los cincuenta años recordamos que la Misa y los sacramentos se celebraban antes de otra manera. Y el Papa Benedicto XVI ha venido a decir que esa manera sigue siendo válida, y da permiso para celebrar la Eucaristía y los sacramentos también así. El rito romano, por tanto, tendrá dos maneras de celebrarse: una, la ordinaria, como celebramos ahora, y otra, extraordinaria, como se celebraba antes. Tanto la una como la otra son siempre la misma Eucaristía , la misma Cena del Señor, que ha de unirnos a todos en la misma y única Iglesia de Cristo. Algunos han querido hacer de esta diferencia una ruptura, calificar la diferencia como un enfrentamiento, pero hemos de insistir en que se trata siempre de la misma Eucaristía , que puede celebrarse de distinta manera, y no hemos de hacer problema ni constituir bandos en torno a la Eucaristía, que Cristo ha dejado a su Iglesia como sacramento de unidad y de caridad de unos con otros. Todos hemos de aceptar el Concilio Vaticano II, como lo que el Espíritu Santo ha dicho a su Iglesia en nuestros tiempos y procurar llevar a la práctica sus enseñanzas. Todos hemos de respetar la autoridad del Papa y de los Obispos , a quienes corresponde decir cómo se celebran los santos misterios. Todos hemos de acercarnos a los sacramentos con enorme respeto, porque es Dios el que se acerca hasta nosotros en estos misterios sagrados. Acojamos estas disposiciones del Papa como un gesto de caridad paternal hacia quienes se lo han pedido insistentemente. Procuremos los sacerdotes celebrar con el debido respeto y ateniéndonos a todas las normas litúrgicas con esmero. Y sepan todos los fieles que la Misa es siempre la misma, se celebre con un rito o con otro de los aprobados por la Iglesia. Que no fabriquemos nuestra propia liturgia, sino celebremos siempre, en obediencia a Cristo y a su Iglesia, la liturgia que la Iglesia nos propone. Y que este tema no sea nunca motivo de fricción entre los cristianos, porque éste es el sacramento del amor. Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |