Índice Anterior Siguiente


++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Feliz Navidad
23 de diciembre de 2007

Es frecuente en estos días cruzarnos esta entrañable felicitación: Feliz Navidad. Con eso, deseamos que en estos días santos llegue hasta cada uno de nosotros y a nuestros hogares la salvación que ha venido a traer el Hijo de Dios hecho hombre, el Niño de Belén.

Sin embargo, también es cada vez más frecuente el secuestro de la Navidad, quitándole su valor auténtico, despojándola de su contenido más genuino. Navidad es Jesucristo, no son los regalos, ni el ruido que armamos en estos días. Si quitamos a Jesucristo de nuestra vida, si prescindimos de Él, la Navidad queda vacía, aunque la llenemos de otras muchas cosas.

Una cultura de profundas raíces cristianas como la nuestra ha generado unas costumbres en torno a las fiestas principales del cristianismo. La Navidad es una de las fiestas principales del cristianismo, porque en estos días celebramos el nacimiento del que, siendo Dios, ha comenzado a ser hombre en el seno de la Virgen María y ha nacido en Belén, Jesucristo nuestro Señor y nuestro salvador. Este acontecimiento nos llena de profunda alegría, y la alegría es comunicativa y queremos que llegue a todos.

En lo que dependa de cada uno de nosotros, no podemos dejar que nos secuestren la Navidad. Respetamos a los que, incluso cercanos a nosotros, se han enfriado en su fe, a los que se han alejado de la práctica religiosa o incluso a los que conviven con nosotros de otras religiones. No queremos imponer a nadie nuestra fe, nuestras creencias, nuestras costumbres. Pero, atención, no podemos dejar de anunciar y de vivir lo que creemos. Más aún, estos días son ocasión propicia para dar un testimonio convencido de que la salvación del mundo está en Jesucristo, que viene a salvarnos.

Llegados a la Navidad, es propio del cristiano creyente acercarse a los sacramentos: confesar sus pecados, limpiar y disponer su corazón para acoger al que viene a salvarnos, y acercarnos con más devoción a recibir a Jesús en la comunión eucarística. Un cristiano vive estos días estremecido de emoción por la bondad de Dios que se ha acercados a los hombres haciéndose Niño en Belén. Cuando besamos al Niño, demos gracias a Dios que nos ha hecho partícipes de su salvación. Hablemos de Jesucristo sin miedo, transmitamos a los niños y a los más jóvenes la alegría que sentimos en estos días de Navidad. Pongamos el belén en casa, expresemos externamente que somos cristianos y estamos contentos de serlo.

Llegados a Navidad, es propio del cristiano creyente acercarse a los más necesitados, como ha hecho Dios, para compartir con ellos algo de lo que nosotros hemos recibido: nuestra alegría, que alivie su soledad; nuestra solidaridad, que aligere sus carencias; nuestro amor, que nos lleva a privarnos de algo para compartirlo con quienes apenas tienen para vivir; nuestra fe vigorosa, que les saque de la oscuridad de vivir sin Dios.

La Navidad es divinización del hombre, reconoce cristiano tu dignidad. La Navidad es solidaridad entre los hombres, una solidaridad capaz de transformar la historia desde dentro. Por eso, durante estos días, acogemos con respeto el saludo de quien nos dice: “que pases bien estos días”. Nosotros los creyentes, sin embargo, seguiremos diciendo: Feliz Navidad, y sabemos por qué lo decimos. No lo callemos ni lo disimulemos.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona