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| Jesucristo sigue llamando Hoy es el domingo del Buen Pastor, porque en el evangelio de este IV domingo de Pascua Jesucristo se presenta así, como el Buen Pastor que da la vida por sus ovejas (Jn 10). Esa preciosa imagen de Jesucristo expresa ternura, cercanía, conocimiento, y al mismo tiempo vigilancia, compromiso, riesgo… hasta dar la vida. El trabajo que realizamos se llama trabajo pastoral, cuando es prolongación del trabajo de Cristo. El Buen Pastor continúa apacentando a su pueblo, a través de los pastores que Él elige y llama para servir a su pueblo. Coincidiendo con este domingo, celebramos la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. Es oración por todas las vocaciones de especial consagración a Dios, es decir, por todas la vocaciones masculinas y femeninas, que incluyen dejarlo todo para seguir a Jesucristo en la entrega total a Dios y en el servicio a los hermanos. Todas estas vocaciones de alguna manera prolongan la solicitud pastoral de Cristo por nosotros. La vocación es el encuentro de dos libertades. La de Dios, que llama a quien quiere. Y la del hombre, varón o mujer, que, al ser llamado, responde libremente. En esa respuesta, la persona humana se juega su vida. Y Jesucristo nos recuerda: “El que pierda su vida por mi, la encontrará”. El misterio de la vocación sólo puede entenderse en un clima de fe. Por eso, las vocaciones han disminuido tanto, porque ha disminuido notablemente el clima de fe propio de la vida cristiana. Y continúan surgiendo vocaciones allí donde se cuida, se alimenta la fe: en familias, en parroquias, en grupos, que alimentan su fe. Porque sólo ahí se puede captar la onda de Dios que llama, y sólo en esa onda se puede percibir que es posible la respuesta, -y qué respuesta- para toda la vida. Por eso rezamos por las vocaciones. No se trata de recordarle a Dios algo que a Él le interesa más que a nosotros. Se trata, por el contrario de ponerse en la onda de Dios, en un clima de fe, para pedir a Dios que necesitamos hombres y mujeres que prolonguen su ternura de Buen Pastor en medio de nosotros. Y es para nosotros una necesidad vital. No nos cansemos de rezar por esta necesidad. Alguna persona me ha dicho: “Yo rezo por las vocaciones, y parece que Dios no nos escucha”. La oración lo puede todo, si se hace con las condiciones que Cristo ha señalado. Es decir, si uno reza por las vocaciones (o por otra necesidad) tiene que estar dispuesto a cambiar en su vida lo que sea preciso, para ajustar su vida a la voluntad de Dios. Si rezamos por las vocaciones, hemos de estar dispuestos a convertirnos a Dios con todo nuestro ser. De lo contrario, la oración será una palabra superficial, que nunca llega a alcanzar su objetivo. En este domingo en que contemplamos la figura de Cristo Buen Pastor, oremos por las vocaciones. Pidamos a Dios que tengamos sacerdotes para que nunca nos falte la Eucaristía. Pidamos que haya hombres y mujeres consagrados a Dios y entregados a los demás en las múltiples tareas de la enseñanza, de la beneficencia, de la acción misionera de la Iglesia. Pidamos que el Buen Pastor siga atrayendo a los y las jóvenes, que entreguen su vida para encontrarla en Él para siempre. El mundo pierde su vitalidad y su latido. “Haz latir el corazón del mundo”, reza la campaña de este año. Lo necesitamos y Dios escucha siempre nuestra oración. Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |