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| La familia según Dios En el contexto de la Navidad, este domingo se nos presenta el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret. Jesús en el centro. Por él y para él se han unido sus padres en verdadero matrimonio, aunque es un matrimonio virginal. El hijo aquí es fruto no de las relaciones sexuales de los padres, sino de la acción especial del Espíritu Santo, a la que los padres han prestado su plena colaboración. Es un amor sin sexo, sin eros. Es un amor de plena donación, totalmente oblativo, sin ningún egoísmo. Un amor virginal, que es el culmen del amor. Esta familia de Nazaret ilumina el misterio de la familia, tal como Dios la ha pensado para el hombre. La familia tiene su fundamento en la unión estable –para toda la vida- del varón y de la mujer, tal como Dios ha hecho al hombre desde el principio. Distintos y complementarios, el varón y la mujer están hechos el uno para el otro, y sólo de aquí brota la vida y el gozo de la complementariedad. Esa unión ha sido santificada por Jesucristo, que ha elevado el matrimonio a la categoría de sacramento, haciéndolo fuente continua de gracia y de vida. Las uniones homosexuales no tienen nada que ver con el matrimonio. Son otra cosa, contradicen el plan de Dios, no son fuente de vida. Lo que hace a la familia lugar seguro es la estabilidad de la unión de los esposos, que pronto se convierten en padres. La sociedad está segura y crece en calidad de vida, si los esposos-padres se quieren para toda la vida. Conocí hace poco a una niña preciosa, de primera comunión, pero con cara de tristeza. Vivía con la abuela. Le pregunté qué le pasaba y me respondió: daría todo lo que tengo con tal de que mis padres vivieran juntos conmigo. Yo pensé para mí: qué bien ha hecho Dios las cosas y cómo los humanos nos empeñamos en romperlas. Dios ha hecho que la familia se fundamente en un amor sólido, que esté a salvo de los vendavales de la vida. Por eso, el divorcio exprés, que facilita la separación al primer contratiempo, sin tiempo para reflexionar, es un atentado a la estabilidad de la familia, en la cual se apoya la estabilidad de la sociedad. Junto a la estabilidad, la fecundidad. Si en la donación mutua de los esposos no hay plena apertura a la vida, el amor acaba por corromperse. La apertura responsable a la vida, de manera que vengan los hijos que Dios quiera, es algo precioso cuando se ve realizado en algunas familias. Una de las cosas más bonitas del encuentro de las familias con el Papa en Valencia el pasado año 2006 fue precisamente éste. Miles y miles de familias con 4, 6 o más hijos. Ahí está el futuro de la sociedad y de la Iglesia. La mentalidad antivida, anticonceptiva está generalizada en nuestro ambiente. La mayoría de las mujeres hoy temen un nuevo embarazo como la mayor desgracia de su vida. Hay que romper esta tendencia. Así no puede haber felicidad en la familia. Dios ha creado la familia como nido, donde los nuevos hijos son el valor máximo, que condiciona todo lo demás. Este proyecto de vida familiar es el que Dios ha pensado para hacer feliz al hombre. Este domingo, 30 de diciembre, fiesta de la Sagrada Familia de Nazaret, somos convocados a las 12 de la mañana a participar en una fiesta de la familia en la plaza de Colón, en Madrid. No se trata de ninguna manifestación contra nada ni contra nadie. Se trata de una gozosa celebración del don de la familia, de la familia cristiana. Hace 25 años, el papa Juan Pablo II proclamó desde este lugar el evangelio de la familia y de la vida. Os invito a participar en esta celebración a todos los que podáis. La familia según el plan de Dios es el futuro de la sociedad y de la Iglesia. Enhorabuena a todas las familias cristianas. Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |