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++ Cartas al Pueblo de Dios ++


Epifanía del Señor, nuestra Misión de Cochabamba
6 de enero de 2008

El 6 de enero celebramos la fiesta de la Epifanía. Un nombre griego que significa manifestación del Señor. Es la fiesta en que unos Magos de Oriente vinieron de lejos, guiados por la estrella, para adorar a Jesús, el Niño de Belén, cuya salvación es para todos.

Las fiestas de Navidad que estamos celebrando nos han presentado al Verbo eterno, Hijo del Padre, Dios como su Padre, hecho hombre, hecho niño como uno de nosotros. En la única persona del Hijo se han unido la divinidad y la humanidad. Jesucristo es Dios verdadero y hombre verdadero. Este admirable misterio se ha realizado para que, al hacerse hombre el Hijo de Dios, todos los hombres lleguen a ser hijos de Dios, en el Hijo. ¡Qué admirable intercambio!

“Por su encarnación, el Hijo de Dios se ha unido de alguna manera con cada hombre” (GS 22), recuerda el Vaticano II. La fiesta de la Epifanía es una fiesta misionera, pues en ella el Hijo de Dios se da a conocer a todas las naciones, dándose a conocer a los Magos de Oriente. No ha venido al mundo sólo para unos pocos, ni sólo para los de su pueblo o para los de su raza. Él ha venido al mundo para todos, para que todos lleguen a ser hijos de Dios. El misterio de la Encarnación redentora del Hijo que se hace hombre no termina en su pequeña humanidad, sino que se prolongo de alguna manera en cada hombre.

La tarea evangelizadora de la Iglesia a lo largo de todos los tiempos y en todos los lugares consiste en eso: en que cada hombre se encuentre con Jesucristo, pues al encontrarse con Jesucristo descubrirá su vocación. Ha sido llamado a ser hijo de Dios, y cuando descubre esta certeza, descubre su profunda dignidad. Sólo en Jesucristo, Hijo eterno de Dios y hombre verdadero, hay salvación para todos los hombres.

La Iglesia es misionera, y en ella todos sus miembros somos misioneros. Es decir, tenemos el sagrado deber de anunciar al mundo entero la dignidad del hombre, que ha sido hecho hijo de Dios en Jesucristo. Para eso reunimos fondos, por esa razón algunos van a tierras lejanas. Los misioneros y las misioneras son los embajadores de esta buena noticia para todos los hombres. Y con esa buena noticia, llevan lo que el hombre necesita para vivir dignamente, a veces incluso el pan para comer hoy o el aprendizaje que les dignifica para ganarlo por sí mismos.

Nuestra diócesis de Tarazona, desde hace catorce años, se prolonga en Cochabamba-Bolivia, a través de los misioneros diocesanos Jesús y Lorenzo, sacerdotes de nuestra diócesis. Los tenemos presentes todo el año, porque ellos han marchado a tierras lejanas para anunciar el Evangelio de Jesús, para hacer presente a la Iglesia católica con todos sus medios de salvación: los sacramentos, especialmente la Eucaristía, el Catecismo, la caridad de los discípulos del Señor. Oramos por ellos y por sus tareas apostólicas para que el Espíritu de Dios acompañe su labor y den fruto abundante.

En la fiesta de la Epifanía, dedicamos esta jornada especialmente a la misión diocesana de Cochabamba. Os pido vuestra generosidad en la oración, la limosna, el reconocimiento. Y os agradezco, al menos una vez al año, todo lo que hacéis a lo largo del año para que Jesús sea conocido y amado, también en Cochabamba y en el mundo entero.

Con mi afecto y bendición:

+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona