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¿A quien votamos? (I) Cuando se acercan las elecciones, es una pregunta obligatoria: ¿A quién votamos? Eso quiere decir que nos tomamos en serio nuestra participación en la vida democrática de nuestra sociedad y nos damos cuenta de la gran importancia de nuestro voto. Un voto entre millones de votantes parece que no hace nada, sin embargo es la expresión de mi aportación personal e intransferible al gobierno de los asuntos públicos. Votar, por tanto, es algo muy importante. No faltan
quienes piensan que la Iglesia no tiene que entrar para nada en este tema, y
la acusan de meterse en política cuando dice alguna palabra. La Iglesia, y Cuando la Iglesia interviene en estos temas lo hace desde la perspectiva del Evangelio y se dirige de esta manera a los creyentes católicos, y a todos los que quieran escucharla. En medio de una sociedad plural, donde hay creyentes y no creyentes, la Iglesia defiende ante todo los intereses de Dios. Que Dios pueda ser conocido y amado. Que su Hijo divino Jesucristo pueda ser anunciado y haya discípulos que libremente le sigan. Que los fieles cristianos puedan vivir y expresar libremente su fe, y no como un favor que se les concede, sino como un derecho que se les reconoce. Que la visión cristiana de la vida pueda ser transmitida a los niños y a los jóvenes en periodo de formación, sin que se les proponga obligatoriamente lo que va en contra de esta visión cristiana de la vida. La Iglesia proyecta la luz de Cristo sobre los problemas humanos para ayudar a resolverlos. No pretende imponer nada a nadie, sino que anuncia con libertad que ante este o aquel problema es mejor ir por este camino y no por el otro. Y el que quiera lo siga y el que no, que haga lo que crea conveniente. Cuando la Iglesia habla con libertad, sus palabras pueden resultar incómodas, mientras a otros les confirma en su fe y en su actuar. Esto ha sucedido siempre, con este régimen, con el anterior y con el que venga. Con este gobierno, con el anterior y con cualquiera que esté en el poder. Sin embargo, la Iglesia no puede callar, porque lleva en su seno la buena noticia de Cristo redentor del hombre y debe anunciarla a tiempo y a destiempo a todos los hombres. Más aún, debe estar dispuesta a dar la vida por ese anuncio, que es vida y testimonio para los hombres. En la
próxima carta semanal veremos algunos puntos concretos que Con mi afecto y bendición: + Demetrio Fernández |