++ Cartas al Pueblo de Dios ++

 

Verdaderamente ha resucitado
23 de marzo de 2008

 

La victoria de Jesús sobre la muerte es algo insólito. Nadie ni antes ni después de él ha vivido un hecho semejante. Se trata por tanto de una verdadera novedad, que ha llevado la historia de la humanidad a su plenitud en la carne humana del Hijo de Dios. De esta victoria incluso corporal ha hecho partícipe también a su Madre santísima y nos hará partícipes a cada uno de nosotros.

 

Cristo ha muerto realmente clavado en la cruz. Al ver que estaba muerto, el soldado no le traspasó las piernas, sino que le traspasó el costado, y al punto salió sangre y agua. Desangrado hasta la última gota de su sangre, es descolgado en la cruz y colocado en un sepulcro nuevo, hasta que pasara el sábado y pudieran amortajarle por completo. Pero los hechos han superado toda imaginación. En la mañana del primer día de la semana, el sepulcro estaba vacío.

 

A Jesucristo no le dio su Padre otro cuerpo, sino que resucitó con su propio cuerpo, el mismo cuerpo que había sido depositado en el sepulcro. Su carne quedó glorificada, transformada, empapada del Espíritu Santo, ungida del vivificante Espíritu. Su alma fue glorificada en el gozo pleno de la gloria. La humanidad entera de Cristo aparece victoriosa de la muerte, con el trofeo de sus llagas gloriosas para mostrarlas a los apóstoles, que habrían de ser testigos cualificados de este acontecimiento.

 

Cristo resucitado es Cristo glorioso, Cristo gozoso, Cristo victorioso. Ha pasado realmente por el trance de la muerte y ha vencido a la muerte, ha quedado borrado el pecado y ha sido derrotado Satanás. La gloria que le correspondía por ser el Hijo, y a la que él había renunciado en humildad haciéndose uno de tantos, le es dada ahora en plenitud y como premio de su humillación. El cielo es un regalo de Dios y al mismo tiempo es un premio a la acción del hombre.

 

Jesucristo vive el gozo de la gloria para él y para nosotros. El ya no muere más, ha inaugurado una vida nueva, pletórica, que nunca se acabará. Es un gozo inmenso y para siempre. Nosotros, todavía sometidos a las dificultades terrenales y a la muerte, encontramos nuestra esperanza contemplándole a él. Se nos llena el corazón de alegría cuando él nos hace partícipes de su triunfo.

 

La vida cristiana es una vida marcada por el sano optimismo de quien sabe que la victoria está garantizada. No sabemos cuáles serán las luchas y las batallas que aún tenemos que librar, pero sabemos que la victoria está garantizada, y eso nos coloca delante de la vida en tono de entusiasmo. “Cristo ha resucitado”, gritan durante la Pascua los cristianos en el Oriente. Y responde quien recibe ese saludo: -“Verdaderamente ha resucitado”.

 

Feliz Pascua de Resurrección. Con mi afecto y bendición:

 

 

+ Demetrio Fernández
Obispo de Tarazona