Primer domingo de Cuaresma:
Las tentaciones en el desierto

El Evangelio: Mc 1,12-15

Todos los años abrimos el ciclo de los domingos de Cuaresma con la proclamación en el Evangelio de la Misa de las tentaciones de Jesús en el desierto.

Este año lo hacemos según el texto del evangelista Marcos que nos presenta las tentaciones de Jesús de una forma más breve. Según los estudiosos, Marcos sigue el esquema de Mateo y, en parte, el de Lucas. Pero, a pesar de seguir sus esquemas, presenta unos detalles peculiares que le diferencian de los otros evangelistas.

Presentaremos ahora los puntos característicos de este texto que proclamamos.

1. El comienzo de este tiempo de desierto se sitúa siempre después del Bautismo de Cristo en el Jordán. Mateo señala que Jesús fue conducido por el Espíritu Santo al desierto (Mt 4, 1) la expresión anágô empleada por el evangelista indica una conducción dócil y pacífica. Lucas nos dice que Jesús era conducido por el Espíritu en el desierto (Lc 4,1) la expresión del evangelista es más simple, ágô. Sin embargo Marcos emplea una expresión más fuerte: Jesús es empujado al desierto, ekbállô, es decir, Jesús es llevado de una forma “violenta” al desierto. En un cierto sentido podemos decir, como señalan algunos autores, que fue allí con horror por lo que le estaba esperando y así este texto se asemeja al momento culminante de la oración de Jesús en Getsemaní.

2. Otra diferencia con los otros Sinópticos es que en vez de especificar las tentaciones concretas que sufrió el Señor, Marcos indica una tentación continua durante los cuarenta días, es decir todos los días fueron días de lucha contra quien le tentaba.

3. Otra característica que sólo aparece en Marcos es la de señalar que Jesús vivía entre las alimañas. Es un hecho nuevo y extraordinario que indica que Jesús estaba en paz  con todas las criaturas, lo mismo que Adán en el Jardín del Edén cuando el Señor le propone que ponga nombre a todos los animales (Gen 2, 19-10). Si aquella comunión con todas las criaturas se rompió por el pecado, ahora aparece el nuevo Adán que ya no tiene a las alimañas como enemigas, así se cumplen en Jesús las profecías especialmente las de Isaías (11, 1-2). Después del Bautismo sobre él reposan los siete dones del Espíritu Santo y por la fuerza de los mismos ha traído la justicia y la paz a la creación, así el lobo, el tigre, el oso pacen juntos con el cordero, la vaca y el niño (traducido también como hijo) mete la mano en la boca de la serpiente sin sufrir ningún mal (Is 11, 6-8).

4. Finalmente, en el desierto Jesús es servido por los ángeles, palabra servicio que podemos traducir por liturgia, por adoración a Dios. Como se señalaba anteriormente aparece un nuevo paralelismo con Getsemaní, lugar donde en la agonía de Jesús el ángel del Señor lo confortará.

5. Superada esta prueba el Señor comenzará su ministerio mesiánico llamando a la conversión y a creer en la Buena Noticia.

AT: Gén, 9, 8-15

La lectura del AT nos presenta la renovación en Noé de la primera Alianza. Noé es signo por una parte de Adán, tras la destrucción del Diluvio aparece una nueva humanidad en él y en su familia y es también signo de la Alianza definitiva de Cristo.

Cristo, como Noé, ha preservado a la humanidad de la destrucción del pecado y ha trazado en el signo de la Cruz, como nuevo Arco Iris, el signo sacramental de la Nueva Alianza.

Humanidad nueva y creación nueva significada en todos los animales que acompañan a Noé en la barca y que repueblan la faz de la tierra.

Esta lectura ha tenido siempre un claro sentido bautismal, y ha sido utilizada desde antiguo como catequesis catecumenal de lo que significa y realiza el Bautismo.

Epístola: 1 Pe 3,18-22

La carta de Pedro tiene una interpretación común de catequesis bautismal y como podemos observar emplea también la figura de Noé para ello.

Asimismo, el texto hoy proclamado, tiene un marcado carácter kerigmático, sobre todo en su inicio.

El número de ocho personas salvadas es de una clara tipología bautismal ya que este número es signo del octavo día, del Domingo de la Resurrección, y el Diluvio anticipa el Bautismo en la muerte del Señor que nos purifica para recibir la eficacia del misterio pascual.

A su vez al final del texto nos propone nuestra meta a la que podemos acceder por el camino abierto por el mismo Cristo.

Al comenzar la Cuaresma estas lecturas del primer domingo ponen claro ante nosotros qué es lo que este tiempo nos va a ofrecer.
1. La vida como lucha contra la tentación que es continua. Cristo nos acompaña y, unidos a Él, la superamos.
2. La Cuaresma tiene una meta clara: la renovación de nuestro Bautismo en la noche de Pascua. Sean cuales sean nuestras dificultades y debilidades el Señor está dispuesto a hacer en nosotros una nueva creación: sólo hace falta abrir el oído del corazón para escuchar la voz que proclama la libertad a los encarcelados.
3. Si el Arco Iris fue signo de la Alianza salvadora ahora en este tiempo se alza otro signo, definitivo, la Cruz que trae la verdadera paz de Dios con los hombres. Mirándola estamos seguros que no habrá más destrucción porque el que fue muerto en ella fue devuelto a la vida y nos la da.


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