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Javierada 2007
"Anunciad que Dios es Amor"

Secretariado de la Juventud, 10 de marzo de 2007

Álbum de fotos

El pasado sábado, 10 de marzo, unos 140 jóvenes, catequistas, religiosas y sacerdotes participamos en la Javierada. Fue una jornada intensa, bonita y llena de detalles y momentos que nos ayudaron a acercarnos a la figura de S. Francisco Javier.

Los grupos venían de Calatayud, Maluenda, Paracuellos de Jiloca, Olvés, Cervera de la Cañada, Ainzón, Bureta, Arándiga, Jarque, Mesones de Isuela, Brea, Illueca y Tarazona, además de nuestros seminaristas. A muchos no les importó el madrugón y todos, con muchas ganas, comenzamos la jornada a las 9:30 en el Seminario.

Tras el saludo y acogida de D. Demetrio, obispo de Tarazona, tres de los grupos nos presentaron sus trabajos sobre las catequesis que enviamos. los de Calatayud y Paracuellos un concurso sobre el verdadero amor con preguntas y respuestas , los de Illueca unos carteles muy bonitos y un texto sugerente y los del Mvto. Junior de Calatayud una presentación con música y gestos sobre por qué nos cuesta amar.

Después tuvimos un rato de oración, en el que se nos invitó a recibir el sacramento de la penitencia en este marco de la Cuaresma, y en el que reflexionamos sobre el sentido de esta jornada, su espíritu misionero y, como nos animaba el lema, el deseo de anunciar que Dios es amor, un amor que se da hasta el extremo. Los cantos nos ayudaron a profundizar más. Terminó este tiempo con la bendición de los peregrinos y el envío por parte de D. Demetrio.

Descansamos unos minutosy partimos hacia Sangüesa, lugar donde comimos y de donde salió el Via Crucis que nos llevó caminando hasta Javier. Allí celebramos una Eucaristía presidida por D. Fernando Sebastián, arzobispo de Pamplona y concelebrada por los obispos de Osma-Soria y de Tarazona junto a muchos sacerdotes. Nos unimos a los más de viente mil peregrinos de esta jornada. En la homilía D. Fernando nos invitó a vivir como jóvenes cristianos el mensaje de Cristo siguiendo el ejemplo de Javier, porque "sólo en la medida en que seamos capaces de mostrar a los demás el rostro de amor de Cristo, podremos cambiar este mundo lleno de injusticias, de guerras, violencias y que se olvida del hombre y de su naturaleza…"

Al volver a casa llevábamos más lleno nuestro corazón, más ilusionado nuestro espíritu y con más ganas de ser testigos de este amor que debemos anunciar.