Cada año, en torno a la fiesta de
san José, celebramos el Día del Seminario. La celebración de este año viene
marcada de una manera especial, porque tiene lugar dentro del Año Sacerdotal,
convocado por el Papa Benedicto XVI con la intención de que sea un tiempo
fuerte de oración por los sacerdotes, para que sean cada vez más como los
quiere el Corazón de Cristo, y un tiempo de especial agradecimiento por el don
del sacerdocio. En este ambiente de especial oración y agradecimiento
recordamos a todos aquellos que se preparan para ser sacerdotes, en nuestra
Diócesis (14 jóvenes) y en toda la Iglesia.
Este recuerdo del seminario, que se concreta en la oración
abundante y en la colaboración generosa, viene marcado por el tema de la
fidelidad, que da tono al año sacerdotal, cuyo lema es “fidelidad de
Cristo, fidelidad de sacerdote”. La fidelidad es el amor que se prolonga en el
tiempo. En el caso de los seminaristas es la fidelidad a la llamada del Señor a
seguirle en el sacerdocio, que se prolonga en el día a día del tiempo de la
formación del seminario, y que luego habrá de seguir viva en todo su ministerio
sacerdotal. Recientemente el Papa ha insistido en este punto: la profecía más
necesaria hoy es la de la fidelidad. Cuando el sacerdote –el seminarista- es
fiel se convierte en testigo auténtico de la misericordia de Dios en medio de
un mundo que está sediento de ella. El don de la misericordia de Dios nos llega
abundantemente por medio de los sacerdotes: con un corazón agradecido a este
don tan grande tengamos muy presentes a nuestros seminaristas.