Saludo de Mons. Demetrio Fernández a los fieles de Tarazona,
al ser nombrado nuevo obispo de Córdoba
Me cuesta dejaros
Nuestro Santo Padre el Papa Benedicto XVI me ha nombrado obispo de Córdoba. Por tanto, ha llegado la hora de partir y de encaminar mis pasos hacia otro lugar, en el seno de la misma Iglesia católica, que es universal. En esta decisión del Papa veo la voluntad de Dios, a la que me someto una vez más con todo mi ser. No llegué a vosotros por una opción mía ni por una petición vuestra. Llegué a estas queridas tierras del Moncayo por una libre decisión de Dios, que me lo hizo saber en su santa Iglesia a través del llorado Papa Juan Pablo II. Este libre designio de Dios lo acogí con prontitud y alegría, y en una tarde helada de enero del 2005 fui consagrado obispo en el monasterio de Veruela. ¿Os acordáis? En actitud de fe y de calurosa acogida, también vosotros me recibisteis como al que viene en el nombre del Señor. Gracias a todos por esta actitud de fe.
En esta perspectiva de fe, hemos vivido profundamente relacionados durante cinco años de nuestra historia. La historia de la diócesis de Tarazona, la historia personal de cada uno de vosotros y mi propia historia se han trenzado durante estos cinco años intensos. Hemos gozado y hemos sufrido juntos. Me he sentido muy a gusto entre vosotros. Hemos sido testigos y coprotagonistas de las obras grandes de Dios en nuestra vida cotidiana. Os digo sinceramente que me cuesta dejaros y podéis estar seguros de que esta primera etapa de mi servicio episcopal a la Iglesia en Tarazona será inolvidable y constituirá un punto de referencia permanente para el resto de mi vida.
No es momento de hacer recuento de todo lo vivido, que ha sido mucho. Solamente quiero agradecer a Dios tantas bondades por su parte y quiero pedirle perdón a El, cuya misericordia es eterna, por no haber respondido con la santidad que tan alto ministerio requiere. A su misericordia me acojo y en sus brazos de Padre bueno descanso, como un niño descansa en los brazos de su madre. Quiero también agradeceros a todos vosotros vuestra acogida noble, vuestro cariño y vuestra buena colaboración. Quiero pediros perdón por no haber respondido a vuestras legítimas expectativas y esperanzas. Sois gente sufrida, curtida por las labores del campo, sois tierra buena, en la que también por mi ministerio episcopal Dios ha sembrado su semilla, que un día dará su fruto. Os agradezco todo lo que me habéis enseñado durante esta etapa intensa de mi vida. De una cosa podéis estar seguros: me he entregado sin reservas, con todo mi ser, a esta diócesis querida de Tarazona, y no me pesa haberlo hecho.
A la Virgen de Veruela consagré mi ministerio episcopal, y he visto su imagen en tantas preciosas advocaciones que llenan de alegría el mapa de la diócesis y llenan de esperanza el corazón de todos los que a ella acuden, incluidos los “no creyentes”. Virgen de la Peña, de Atocha, de Sisamón, del Rosario, del Prado, del Capítulo (a la que tuve el honor de coronar como reina y madre nuestra), de la Sierra, de Guiaelguerrero, de la Peana, del Río, de la Vega, etc. etc. La única Madre de Dios, Santa María, madre nuestra, a la que todos los días en el rosario encomiendo la Iglesia de su Hijo Jesús. A ella rezo por todos vosotros. Rezadle un avemaría por el que ha sido vuestro obispo durante estos cinco años.
Me pongo a disposición de todos en mi nuevo destino de Córdoba. Tomaré posesión de la nueva diócesis que se me confía el próximo 20 de marzo, sábado, a las 12 de la mañana. Y pedidle al Señor que os mande pronto un nuevo obispo. Yo también se lo pido a Dios y a las personas que han de ayudar al Santo Padre a encontrarlo.
Permitidme un único consejo, el último: Vivid siempre unidos al obispo. No dejéis que el enemigo os aparte de esta comunión, que es la comunión de la Iglesia. El obispo os garantiza vuestra pertenencia a la Iglesia católica, porque es el sucesor de los apóstoles que preside la comunidad diocesana en nombre de Cristo y en comunión con el Papa de Roma y con todos los obispos de la Iglesia universal. Vivid esta comunión con vuestro obispo -sea el que sea- sin fisuras, con lealtad, con confianza, sin actitudes críticas que sólo dejan tristeza. A todos os deseo el gozo de la comunión eclesial. Podremos llegar más o menos, acertar o equivocarnos, pero que nada ni nadie nos aparte de la comunión eclesial, en la cual reside la fuerza de Dios para evangelizar.
Con mi afecto y bendición. Hasta siempre, queridos turiasonenses:
+Demetrio Fernández, obispo de Tarazona Obispo electo de Córdoba